Ezio Neyra, director institucional de la Biblioteca Nacional del Perú en las instalaciones de la antigua Biblioteca Nacional, en la avenida Abancay. Foto: Rolly Reyna para El Comercio.
Ezio Neyra, director institucional de la Biblioteca Nacional del Perú en las instalaciones de la antigua Biblioteca Nacional, en la avenida Abancay. Foto: Rolly Reyna para El Comercio.
Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

Convencido sin duda el gobierno español de que la ignorancia es la columna más firme del despotismo, puso las más fuertes trabas a la ilustración del americano, manteniendo su pensamiento encadenado para impedir que adquiriese el conocimiento de su dignidad”. Era el 29 de agosto de 1821. Las palabras fueron del libertador José de San Martín. Convencido de que la ignorancia fue una de las grandes responsables de que la independencia no tuviera éxito antes, decidió instituir la Biblioteca Nacional del Perú “Penetrado del influjo que las letras y las ciencias ejercen sobre la prosperidad de un Estado”, como salió publicado aquel invierno en la Gaceta del Gobierno de Lima. Nuestro país tenía poco más de un mes de haber iniciado sus días como República y ya tenía dónde leer los libros que, en el futuro, contarían esa y otras historias. Han pasado poco más de 199 años y podríamos decir que aún hay mucho por hacer.

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