Resumen

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Para el reconocido psicoanalista, la figura del Inca Garcilaso tiene que ver con las dimensiones de nuestra propia identidad y marca la ruta para nuestra propia integración como país. (Foto: Anthony Niño de Guzmán/GEC)
Para el reconocido psicoanalista, la figura del Inca Garcilaso tiene que ver con las dimensiones de nuestra propia identidad y marca la ruta para nuestra propia integración como país. (Foto: Anthony Niño de Guzmán/GEC)
Por Enrique Planas

Soltamos la primera pregunta a manera de juego: Si el psicoanalista Max Hernández (Lima, 1937) tuviera la fantástica posibilidad de recibir al Inca Garcilaso en su estudio, y lo invitara a recostarse en diván, ¿Cuál sería su diagnóstico? Curiosamente, para el autor de “Memoria del Bien Perdido” (Paidós), secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional, Orden del Sol del Perú y Orden de Isabel la Católica en el grado de Comendador por la Corona Española, es difícil decirlo. Si el psicoanalista tuviera que buscar una fantasía inconsciente que hubiera motivado su ser y que haya planteado los extravíos y logros del célebre escritor, sería esta: “si yo hubiera estado presente en Cajamarca, en noviembre de 1532, (siete años antes de su nacimiento), la historia habría sido muy distinta”. “Es una fantasía desbordantemente megalómana”, señala Hernández. Sin embargo, el investigador advierte que endilgarle la etiqueta de “megalómano” al autor de “La Florida del Inca” no le haría justicia a lo más importante: “Si Garcilaso no hubiera tenido esa pasión, si no hubiera sentido que su misión era representar ante el mundo no solo el lado indígena de su personalidad sino también el español para poder producir una síntesis, no hubiéramos tenido al Inca Garcilaso”, explica.

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