La pandemia del Covid-19 forzó a maestros, y alumnos, a integrar la tecnología a la educación de manera dramática. Ilustración: Víctor Aguilar para El Comercio.
La pandemia del Covid-19 forzó a maestros, y alumnos, a integrar la tecnología a la educación de manera dramática. Ilustración: Víctor Aguilar para El Comercio.
Enrique Planas

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La emergencia sanitaria se encendió cuando muchos colegios habían empezado su primera semana de clases, a mediados de marzo pasado. Tras el regreso a casa, a las vacaciones fortuitas les siguió un tiempo de incertidumbre y reacomodo, con marchas forzadas hacia la transformación digital, aunque a diferentes velocidades según cada colegio. En un país de profundas desigualdades, se abrieron más aún las brechas entre las instituciones mejor preparadas tecnológicamente y las menos capaces de conectarse, entre escolares que disponían de computadora y señal de Internet en casa y estudiantes que solo podían contar con el celular de sus padres. Con el proceso de matrícula en los colegios a punto de comenzar, vale la pena preguntarnos qué hemos aprendido del feroz año pasado antes de comenzar un nuevo período escolar que, según todos los indicadores, será en buena parte también virtual.

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Recluidos y estresados

Así, por un lado, tenemos a estudiantes que han sufrido de reclusión, con espacios de socialización perdidos, a quienes el estudio en línea ha generado comprensible estrés. Por otro, docentes que, en buena parte, no estaban preparados para un tránsito abrupto hacia lo digital, bajo la presión de padres que no necesariamente comprenden o valoran su trabajo. “Creo que ellos son los verdaderos héroes de todo esto”, señala Fernando Esteves, gerente general de Editorial Santillana en el Perú. Para el especialista uruguayo, a la falta de una debida valorización del trabajo del maestro, se suma el reto de mantener a los chicos atentos en el nuevo formato de clases mientras sufren la carencia de recursos materiales y tecnológicos.

Para Verónica Murguía, vicepresidenta de la Asociación de Promotores de Educación Inicial del Perú, ciertamente en marzo la crisis sanitaria dejó a todos atónitos antes de enfrentar la nueva coyuntura. “Muchos de los colegios tuvieron que adoptar un sistema remoto eligiendo una plataforma que les permitiera llegar al alumno y a sus padres de una manera directa. Conseguirlo de la noche a la mañana no fue nada sencillo”, afirma.

Si bien desde inicios de siglo el mundo digital y la virtualidad se habían instalado en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana, en el mundo educativo, tradicionalmente reacio a los cambios, el cambio se impuso por las circunstancias. “Los medios físicos aún seguían prevaleciendo en los colegios, incluso en los privados. Pero este último año se vieron obligados a reconciliarse con la tecnología y la virtualidad. Lo que falta todavía es complementar esas herramientas con nuevas metodologías y una concepción pedagógica nueva”, alerta Esteves.

En efecto, a decir del experto, si bien se pensó primero en las herramientas tecnológicas, aún no se tienen claras las metodológicas enfocadas en la enseñanza virtual. “Trabajar en línea no es trasladar a la pantalla lo que se hacía en el aula de forma presencial. Las herramientas digitales poseen un lenguaje propio que debe complementar lo que dice el profesor”.

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Mitos derribados

Apurando el paso, los conservadurismos y las tecnofobias se disiparon rápidamente. Para el directivo de Santillana, fueron varios los mitos derribados entonces. Por ejemplo, que la tecnología permitiría al profesor tener menos participación en clase. O que la escuela tendría menos gastos al operar de forma virtual. Y descubrieron algo fantástico: que en un entorno virtual de aprendizaje, a partir de la evaluación, el maestro puede identificar el ritmo y las necesidades de cada estudiante.

Definitivamente, el alumno debe mantener la curiosidad por el aprendizaje”, apunta Murguía. “Un niño inteligente es un niño curioso, y para poder ahondar en su curiosidad hay que darle recursos y elementos. El tema es cómo el niño puede aprender en medio de las exigencias del siglo XXI. El alumno tiene que favorecer al aprendizaje de acuerdo a lo que considere que para él es importante. El interés tiene que iniciar con el alumno”, dice.

Por supuesto, estas posibilidades recién empiezan a darse en nuestro sistema educativo, y para extenderlas se requiere inversión en tecnología y capacitación del profesorado. No se trata, como alerta Esteves, de solo invertir en tablets y repartirlas entre los estudiantes. “El Estado solo agravará la brecha entre las instituciones educativas si sigue pensando que los medios digitales por sí solos pueden obrar el milagro. No se puede entregar tablets cuyos contenidos no están organizados en torno a secuencias didácticas, si no tienes conectividad para descargar contenidos y actualizarlos. Hay que analizar las condiciones en que se utilizan e implementan para que sean eficaces”, explica.

Como advierte Murguía, la brecha entre colegios públicos y privados se ha profundizado no solo por las diferencias del ingreso, sino también porque el país no pudo invertir en años anteriores en una conectividad básica para la población.

En pocas semanas empieza un año escolar y aún los expertos señalan que falta perspectiva para apreciar el fenómeno de la virtualidad en el aula en toda su dimensión. No hay estudios ni investigaciones ni encuestas. Con el tiempo, se evaluará lo ganado y lo perdido.

Ilustración: Víctor Aguilar.
Ilustración: Víctor Aguilar.

Familias y maestros: Un decálogo de la educación a distancia

  1. Paciencia y cariño: Recordemos que los niños también sienten estrés a causa del aislamiento.
  2. Organización: Antes de sus clases virtuales, el alumno debe preparar su horario semanal.
  3. Un espacio cómodo: Se recomienda al alumno un espacio sin ruidos, ventilado e iluminado.
  4. La empatía: Recuerde que conectarse implica saber que hay personas detrás de la pantalla.
  5. Encender la cámara: No hacerlo es una falta de respeto.
  6. El papel familiar: Los padres hacen el seguimiento de lo aprendido.
  7. Comunicación debida: El intercambio entre maestro y padres es básico para compartir los avances.
  8. ¡Responda el correo! Responder los mensajes del profesor demuestra que los padres valoran su esfuerzo.
  9. Repreguntar siempre: Si no entendió la clase, el estudiante debe sentirse libre de pedir un reforzamiento.
  10. Tarea de todos: El éxito de una clase remota no viene solo del lado de la escuela.

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