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La conexión entre Venezuela e Irán se desmorona tras la caída de Nicolás Maduro
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La operación Resolución Absoluta, que acabó con los días en el poder de Nicolás Maduro, no solo inauguró una nueva era política en Venezuela, hoy bajo la tutela de Estados Unidos, sino que también envió mensajes a Cuba (cuyo régimen, según Donald Trump, “está por caer”), Colombia y México sobre lo que puede venir en nuestra región como parte de la estrategia de seguridad nacional de la Administración Trump.
Este plan del gobierno republicano, divulgado hace poco más de un mes, pretende restaurar “la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” como un pilar fundamental para el segundo mandato de Trump en la Casa Blanca, que irá hasta enero del 2028.
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Y entonces el trasfondo geopolítico de la incursión militar estadounidense en Caracas va más allá de América Latina y alcanza a China y Rusia, potencias rivales de Estados Unidos que han incrementado su influencia en los países del continente americano, sobre todo el gigante asiático, convertido en el mayor socio comercial de varios de ellos.
En el caso de China no se trata solo del petróleo venezolano sino que el país llanero pasó a ser en los últimos años el aliado más fiel de Beijing en Latinoamérica, lo cual despertó mucho escozor y fastidio en la Casa Blanca. Además, se dice que China ha venido tomando control de la extracción de minerales estratégicos y tierras raras en el arco minero del Orinoco, tesoros casi inexplotados en el subsuelo de Venezuela.
Si bien Rusia ha estado más ocupado desde comienzos del 2022 en la guerra con su vecina Ucrania, también es cierto que en los últimos tiempos desplegó asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia en la Venezuela de Maduro. Y ello también desató inquietud en Washington.
Y en este listado de estados a los que EE.UU. quiere ver lejos no puede faltar Irán, potencia del Medio Oriente con un ascendiente en territorio llanero que empezó con el gobierno de Hugo Chávez y que se acentuó con su sucesor Nicolás Maduro.
Ni vecindad geográfica, ni comercio significativo, ni lazos históricos o culturales arraigados. Nada de eso acerca a Venezuela e Irán, como remarca la cadena Deutsche Welle, sino que ha sido “una combinación de enemigo común, presión de sanciones y una lógica de supervivencia en los márgenes del orden global”. Estados Unidos considera a Irán como un estado patrocinador del terrorismo, así que tenerlo a solo 2.000 km de su territorio continental se convirtió en una fuente de preocupación. Desde el 2018, cuando el gigante norteamericano se retiró del acuerdo nuclear y el primer gobierno de Trump inició una política de “máxima presión”, Venezuela e Irán quedaron sometidos a duras sanciones petroleras y financieras.
Venezuela y la república islámica firmaron en el 2022 un acuerdo de cooperación estratégica a 20 años, con compromisos petroleros, agrícolas, turísticos y de defensa. En la realidad este pacto transformó la alianza política entre ambas naciones en cooperación práctica en operaciones logísticas de seguridad, como la producción de drones y proyectos navales. Venezuela ha sido uno de los principales destinos de piezas para drones iraníes en los últimos años y a la acumulación de tecnología iraní para misiones de reconocimiento y ataque se sumó la versión de que altos funcionarios iraníes habían adquirido propiedades en suelo venezolano.
Cuatro días antes de la operación Resolución Absoluta, Estados Unidos anunció sanciones contra la Empresa Aeronáutica Nacional S.A. (EANSA) y otras compañías e individuos iraníes involucrados en el comercio de misiles entre Venezuela y el estado persa. Según el Departamento del Tesoro estadounidense, EANSA mantiene drones operados por las Fuerzas Armadas llaneras, como el Mohajer-2, denominado localmente ANSU-100, diseñado para labores de reconocimiento y “capaz de lanzar bombas guiadas aire-tierra Qaem de diseño iraní”. Según Infobae, además, Irán estableció una base de desarrollo de drones en la base aérea El Libertador, en Maracay (estado Aragua).
Con la caída de Maduro este negocio venezolano-iraní parece irse al traste, por más que el estado asiático asegurara esta semana que sus relaciones con Venezuela no han cambiado. “Nuestras relaciones con todos los países, incluido Venezuela, se basan en el respeto mutuo y seguirán siendo así”, declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baqai. “Estamos en contacto con las autoridades venezolanas”, agregó. Otra circunstancia que habría quedado en el aire es el asilo político que Caracas habría ofrecido a miembros de la élite iraní en caso de crisis interna, justamente como la que hoy atraviesa el régimen de los ayatolas. Ambos países se han convertido hoy en dos estados acorralados.











