No hay apuro, querido Josep

El fallecimiento de la madre de Pep Guardiola por coronavirus otra vez nos confirma nuestra vulnerabilidad y exposición ante una enfermedad muy cruel, que no distingue a quién golpear.

    Pedro Canelo
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    Pep Guardiola en una de las pocos fotos que la prensa le pudo tomar con su madre. (Foto: EFE)
    Pep Guardiola en una de las pocos fotos que la prensa le pudo tomar con su madre. (Foto: EFE)

    Una semana antes de que reciba la noticia más triste de su vida, Pep Guardiola había donado un millón de euros para material sanitario en España. El técnico del Manchester City nunca disimuló su preocupación por la propagación de la pandemia del COVID-19 en todo el mundo. Guardiola grabó videos para pedir paciencia a los hinchas del fútbol, pidió prudencia para manejar la información y se manifestó en contra de cualquier apuro en reanudar las competencias en Europa. Ayer, luego de que se confirme que su madre (Dolors Sala Carrió) falleció a los 82 años por el cruel coronavirus, lo último en lo que puede pensar Pep es en el próximo partido de Champions o Liga Premier. Si la pelota detenida es parte del duelo por tanto dolor -de Guardiola y de todos-, pues que ese luto se acompañe de una solidaria paciencia. El fútbol volverá cuando la salud deje de estar con tarjeta amarilla. No importa si hay tiempo suplementario de espera.