La palabra ‘debate’ viene del latín ‘debattuere’ y significa golpear o luchar. Está referida al intercambio de ideas y argumentos donde se “lucha” por imponer una opinión, fundamentar una idea, punto de vista o persuadir al adversario. En la historia política, el lugar natural de los debates han sido las asambleas, que ahora conocemos como congresos o parlamentos, consejos regionales, estaduales o municipales, según los diversos niveles que hay en un Estado. Precisamente, ‘parlamento’, el famoso ‘The Parliament’ de los británicos, viene de ‘parlare’; es decir, hablar.
Uno de los debates más conocidos de la historia universal fue entre Cicerón y Catilina, durante la República Romana. Podemos consignar otros grandes debates históricos que anidan en las actas de los parlamentos; por ejemplo, entre los federalistas y antifederalistas sobre cómo debía redactarse la Constitución de Estados Unidos. También el debate entre jacobinos y girondinos durante la Revolución Francesa, donde destacaron grandes oradores como Dantón y Robespierre.
Salvo excepciones, esos debates quedaban encerrados entre cuatro paredes y sabemos de ellos por los historiadores. Hasta que la radio, la televisión y luego Internet llegaron, los debates, sobre todo los de tono político, tuvieron una audiencia de millones de personas. Se caracterizan porque el radioescucha, televidente e internauta podían escuchar, ver e incluso intervenir.
La televisión te levanta, te mata o te deja medio herido. Famoso es el primer debate presidencial televisivo de la historia entre John F. Kennedy y Richard Nixon, donde el primero aplastó al segundo porque tuvo mucho mejor dominio de la escena.
En el Perú, en los congresos del pasado hubo grandes debates porque los legisladores de antaño eran, en su mayoría, cultos y entretenidos. Para mí, hay dos debates que fueron de polendas: el de Luis Bedoya Reyes y el ingeniero Jorge Grieve por la reelección del alcalde de Lima, donde el famoso ‘Tucán’ lo ganó con esta frase: “A los técnicos los alquilo”, cuando Grieve dijo que la Municipalidad de Lima necesitaba un alcalde técnico. El segundo fue entre Héctor Cornejo Chávez, de la Democracia Cristiana, y Bedoya para la Asamblea Constituyente de 1978, que luego dio nacimiento a la Constitución de 1979.
Aunque no soy de los que crean que cualquier tiempo pasado fue mejor, y menos en el Perú, comparando esos debates con los multidebates de la primera vuelta reciente, con uno que otro pullazo, sí podemos decir que cualquier tiempo pasado fue mejor porque la oratoria era más fluida y no estaba sometida al burdo tecnicismo. golpear o luchar. Está referida al intercambio de ideas y argumentos donde se “lucha” por imponer una opinión, fundamentar una idea, punto de vista o persuadir al adversario. En la historia política, el lugar natural de los debates han sido las asambleas, que ahora conocemos como congresos o parlamentos, consejos regionales, estaduales o municipales, según los diversos niveles que hay en un Estado. Precisamente, “parlamento”, el famoso ‘The Parliament’ de los británicos, viene de ‘parlare’; es decir, hablar.
Uno de los debates más conocidos de la historia universal fue entre Cicerón y Catilina, durante la República Romana. Podemos consignar otros grandes debates históricos que anidan en las actas de los parlamentos; por ejemplo, entre los federalistas y antifederalistas sobre cómo debía redactarse la Constitución de Estados Unidos. También el debate entre jacobinos y girondinos durante la Revolución Francesa, donde destacaron grandes oradores como Dantón y Robespierre.
Salvo excepciones, esos debates quedaban encerrados entre cuatro paredes y sabemos de ellos por los historiadores. Hasta que la radio, la televisión y luego Internet llegaron, los debates, sobre todos los de tono político, tuvieron una audiencia de millones de personas. Se caracterizan porque el radioescucha, televidente e internauta podían escuchar, ver e incluso intervenir.
La televisión te levanta, te mata o te deja medio herido. Famoso es el primera debate presidencial televisivo de la historia entre John F. Kennedy y Richard Nixon, donde el primero aplastó al segundo porque tuvo mucho mejor dominio de la escena.
En el Perú, en los congresos del pasado hubo grandes debates porque los legisladores de antaño eran, en su mayoría, cultos y entretenidos. Para mí, hay dos debates que fueron de polendas: el de Luis Bedoya Reyes y el ingeniero Jorge Grieve por la reelección del alcalde de Lima, donde el famoso ‘Tucán’ lo ganó con esta frase: “A los técnicos los alquilo”, cuando Grieve dijo que la Municipalidad de Lima necesitaba un alcalde técnico. El segundo fue entre Héctor Cornejo Chávez, de la Democracia Cristiana, y Bedoya para la Asamblea Constituyente de 1978, que luego dio nacimiento a la Constitución de 1979.
Aunque no soy de los que crean que cualquier tiempo pasado fue mejor, y menos en el Perú, comparando esos debates con los multidebates de la primera vuelta reciente, con uno que otro puyazo, sí podemos decir que cualquier tiempo pasado fue mejor porque la oratoria era más fluida y no estaba sometida al burdo tecnicismo.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.