Las expectativas ciudadanas hacia el gobierno han sido y todavía son altas. Orden. Ese era el tema de la campaña fujimorista que indicaba que había un enorme desorden que no es otra cosa que una crisis de autoridad. Las expectativas eran más o menos así: a partir del 28 de julio, Keiko Fujimori venía a poner orden en el caos y terminar la crisis de autoridad. Ha pasado más de un mes y para que exista orden tiene que haber autoridad. Hoy la presidenta no puede retirar al general Arriola, jefe de la Policía Nacional, a quien la realidad lo ha rebasado. Hoy, la lucha contra la criminalidad no funciona. Hoy, la inseguridad es el primer problema nacional.
Observen bien porque pareciese que hay dos caras de un mismo gobierno: la presidencia por un lado y el Gabinete por el otro. La presidenta hace su trabajo, comunica por redes sociales, se ajusta al trajín de las visitas a las regiones, se acerca a la gente. Hace comunicación y política cercana. Por el otro lado, en la otra cara del gobierno, hay dislates, mensajes contradictorios, mala comunicación. En resumen, en esa parte del gobierno no hay una dirección política ni una construcción lógica de la narrativa.
A veces, solo a veces y siguiendo a Carl Schmitt, la legitimidad de un gobierno no viene del derecho, sino del éxito. Para poder hacer un gobierno medianamente exitoso, Fuerza Popular no debe quedarse atrapado por el Estado. Déjenme explicar mejor este punto. Este no será un gobierno exitoso si tiene a Sedapal y a Petro-Perú. No será nunca exitoso si gobierna en un Estado ineficiente. Pero para ser exitoso necesita hacer reformas que necesariamente pasan por ambas cámaras. Para lograr reformas debe construir una mayoría en la Cámara de Diputados. ¿Tendrá manejo político, maña que le dicen, para construir una mayoría?
Las expectativas por ahora se tropiezan con la dura realidad. Por ejemplo, todos suponíamos que Keiko tenía organizado un poder que a partir del 28 de julio tomaría las riendas del Estado y del gobierno. No ha sido así. Por el contrario, hay improvisación en algunos sectores claves. ¿Qué significa todo lo anterior? Que no hay estructurado u organizado bien un poder en el gobierno, sobre todo por el lado de la PCM.
Todo indica que el gobierno confía su futuro político a la delegación de facultades. En la narrativa fujimorista, si la mayoría opositora de diputados no le da las facultades, habrá un “nuevo obstruccionismo”. El detalle es que, para que a la población le quede claro que hay una Cámara de Diputados obstruccionista, tiene que haber una buena comunicación gubernamental. ¿La hay?
Mientras todo ello ocurre, el gobierno también ha decidido la estrategia de la “colaboración tacticista”. Solo así se interpreta que todo el fujimorismo haya votado a favor de darle a Juntos por el Perú la estratégica Comisión de Energía y Minas. ¿Por qué? Se supone que es parte de un acuerdo grande cuyo objetivo son las facultades. Sin embargo, en apariencia la otra jugada fujimorista es esta: entregar la Comisión de Energía y Minas a JP para que se haga cargo de la ampliación del Reinfo, responsabilidad que asumirá ante la opinión pública, puesto que al fujimorismo le será difícil asumir semejante problema. Eso significa que, en los próximos meses, la agenda de la informalidad e ilegalidad seguirá actuando a través de sus voceros. No debemos olvidar algo: que quien le ha ganado el pulso al fujimorismo ha sido el sector minero informal.
¿Podrá el fujimorismo superar en los próximos meses sus expectativas? No lo sabemos. Hoy no hay dirección política en el gobierno y, salvo Keiko, los otros importantes no la acompañan.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.