Congreso/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
Racionalidad y Trump
“¿Estamos ante un error de cálculo que terminará debilitando su presidencia, o logrará Trump alcanzar un equilibrio que le permita declarar una victoria y poder mostrarla como un logro?“.

Profesor principal en la PUCP e investigador en el IEP
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En febrero del año pasado, al iniciar la segunda gestión del presidente Trump en Estados Unidos, escribí aquí sobre la racionalidad de sus decisiones y de otros líderes de las “nuevas derechas” en el continente.
Comentaba, en el caso de Trump, que lo que inicialmente se percibía como decisiones irracionales y contrarias a sus propios intereses políticos (por ejemplo, la imposición unilateral de aranceles a China, Canadá y México, que podrían haber causado inflación en Estados Unidos) con el paso del tiempo pudieron ser vistas como estrategias de negociación, siguiendo lo que en teoría de juegos se llama el “juego del gallina”. En este, un jugador se impone porque transmite al adversario que está dispuesto a perderlo todo para ganar. Así, la amenaza de la subida de aranceles abrió la puerta a negociaciones de diferente tipo, de las cuales Trump pudo presentarse a la vez como ganador y como razonable en última instancia. De allí en más, tomó decisiones que cimentaron la reputación de un líder dispuesto a tomar medidas extremas sin mayor remordimiento, como el cierre de la Agencia de Cooperación Internacional (Usaid).
Siguiendo con decisiones en materia de política internacional, la captura del presidente Maduro en Venezuela, la instalación de una suerte de “protectorado” en ese país desde inicios de este año y la presentación de la nueva estrategia de seguridad para Estados Unidos siguieron en la línea de mostrar que estamos asistiendo a una nueva era, con nuevas reglas, donde ya no son preponderantes las referencias del derecho internacional y su institucionalidad, y donde el uso del poder militar para conseguir objetivos políticos se hace una herramienta cotidiana. En Ecuador, este país y Estados Unidos ya realizan operaciones conjuntas contra el narcotráfico. El peso de estas decisiones quedó de manifiesto con la realización de la Cumbre Escudo de las Américas, en la que el presidente Trump congregó el sábado pasado a los presidentes de derecha de la región (donde destacan Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay y el presidente electo de Chile). Este espacio buscaría sustituir a lo que antes era la Cumbre de las Américas, donde ostensiblemente han estado ausentes Brasil, Colombia y México, identificados con posturas de izquierda (al igual que el presidente Balcázar en nuestro país).
En el caso de Irán, en la medida en que ya se habían producido ataques contra instalaciones nucleares en junio del año pasado y en que estaban en marcha procesos de negociación, una nueva ronda de ataques parecía poco probable. Nuevamente, está en discusión la racionalidad de la medida: para algunos, se trataría de un escenario de irracionalidad, en el que la personalidad del presidente explicaría la decisión de embarcarse en un conflicto que tendrá altos costos humanos y económicos, que complicará aún más la conflictividad política en la región y que complica el desempeño de Trump en las elecciones legislativas de noviembre. Encuestas sugieren que un 44% de estadounidenses aprueba las acciones militares en Irán, con un 56% de desaprobación, números cercanos a los de la aprobación y desaprobación de su gestión presidencial. ¿Estamos ante un error de cálculo que terminará debilitando su presidencia, o logrará Trump alcanzar un equilibrio que le permita declarar una victoria y poder mostrarla como un logro? Lo veremos en las próximas semanas.










