EleccionesSistemas de alerta, tsunamis y tormentas
“¿No será que las autoridades responsables de los sistemas de alerta no se sienten obligadas a implementarlos bien?”.

Sociólogo de la PUCP

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Recientes fenómenos naturales vuelven a poner sobre la mesa los preocupantes niveles de respuesta del país frente a los riesgos y los desastres.
Recientes fenómenos naturales vuelven a poner sobre la mesa los preocupantes niveles de respuesta del país frente a los riesgos y los desastres.
En llamativa coincidencia, la noche del 29 de julio se registró un sismo de magnitud 8,8 en la península rusa de Kamchatka, frente al Océano Pacífico, lo que causó una alerta de tsunami en el litoral peruano y demás países costeros de las Américas. Dos días después, el 31 de julio, las zonas bajas de Tacna, Moquegua, Arequipa, Ica y Lima se vieron impactadas por inusuales tormentas de arena y fuertes vientos, de aquellas cuya ocurrencia se asocia comúnmente a escenarios como el desierto de Sahara o la Península Arábiga.
Sin que esto signifique necesariamente una relación de causalidad entre el ‘tren de olas’ gatillado por el referido terremoto y los envolventes ventarrones mencionados, la incidencia de dichos fenómenos en el Perú continúa ratificando, de un lado, la existencia de deficiencias técnicas e institucionales sobre cómo prevenir y enfrentar amenazas naturales que se transforman en desastres y, de otra parte, la carencia de una cultura preventiva en la propia población.
En cuanto al riesgo de tsunamis y movimientos sísmicos, persisten los problemas administrativos e institucionales que impiden que el país disponga de sistemas de alerta o de mensajería oportunos, capaces de advertir u orientar a la población sobre la posible ocurrencia de un evento y de lo que debería hacer para enfrentarlo. Uno es el Sistema de Mensajería de Alerta Temprana de Emergencias, creado en el 2016 mediante la Ley 30472, el cual, después de nueve años, recién se aplicó por vez primera este 30 de julio, tras saberse que el terremoto de Rusia causaría una serie de marejadas que alcanzarían al Perú. El otro ejemplo de gestión problemática corresponde al Sistema de Alerta Sísmica Peruano que, a diferencia del anterior, sí advierte a la población segundos antes de que las vibraciones telúricas golpeen los centros urbanos. A la fecha no se encuentra culminada su implementación, y es objeto de retrasos e indecisiones que lo convierten en una promesa incumplida más, pese a que se anunció en el 2021.
En lo que corresponde a las muy inusuales tormentas de arena y material particulado que se han abatido sobre la costa sur del país, estas han sorprendido a las autoridades, los expertos y a las poblaciones afectadas, tanto por su dimensión como por su intensidad y apocalíptica apariencia. Estas torrentosas nubes de polvo afectaron parcialmente la infraestructura física en diversos puntos de Ica, paralizaron el comercio, transporte y turismo, y causaron cierto pánico colectivo. Se trata de un evento meteorológico históricamente subestimado sobre el que hay que tomar nota, pues su incremento en frecuencia e intensidad podría convertir a estas tormentas de arena en amenazas naturales capaces de impactar extremadamente sobre las actividades económicas, la infraestructura y la seguridad y salud de las personas.
¿No será que, al no haber presión ciudadana ni cultura preventiva frente a los desastres, las autoridades responsables de estos sistemas de alerta no se sienten obligadas a implementarlos bien y de una vez por todas? Si la “defensa civil es tarea de todos”, ¿por qué no cumplen oportunamente toda la tarea? ¿Hasta qué punto las esperanzas en los sistemas de alerta reemplazan la desidia de autoridades y ciudadanos?
El experto Miguel Estrada, del Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres, no tuvo mejor respuesta que aquella que dio a El Comercio (1/8/2025): “El mejor sistema de alerta no sirve de nada si la población no sabe qué hacer”. En efecto, la tecnología puede cumplir su tarea cabalmente advirtiendo minutos antes que se viene un sismo o tsunami, pero si el factor humano no corre al mismo ritmo, sea por su falta de preparación o de compromiso, ningún sistema de boyas, satélites, sensores o sirenas podrá atenuar el número de muertos, desaparecidos, heridos y damnificados.
Carecer de tecnología, preparación y decisión política frente a los desastres es una letal y robusta combinación que amplifica geométricamente el riesgo. Los gestores de desastres hablan de generar sociedades resilientes, pero no se entiende cómo lo podrían lograr bajo las condiciones descritas. La situación que enfrenta el Perú en estas materias continúa siendo de pronóstico reservado.









