El anuncio del nombramiento de Hernando de Soto como presidente del Consejo de Ministros generó, durante algunos días, una sensación de tranquilidad en medio del caos político que caracteriza esta administración de transición desde su inicio el pasado miércoles 18. Esa tranquilidad, sin embargo, se disipó abruptamente antes de que el economista pudiera siquiera jurar en el cargo. En su lugar, la ministra de Economía y Finanzas, Denisse Miralles, asumió inesperadamente la Presidencia del Consejo de Ministros dejando al descubierto un preocupante nivel de improvisación gubernamental en un momento en que el país enfrenta la amenaza concreta de un fenómeno de El Niño costero con consecuencias potencialmente devastadoras.
Al respecto, minutos después de la juramentación, el gobierno emitió un mensaje de agradecimiento a De Soto en el cual se lee que “no fue posible alcanzar los acuerdos necesarios”. El economista respondió que estaba “sorprendido” por la designación de Miralles, puesto que en la mañana había coordinado con el presidente José María Balcázar la designación de los integrantes del Ejecutivo, pese a que existieron presiones para mantener a ciertos ministros. “De repente nos hemos enterado de que se ha decidido por otro Gabinete”, señaló e indicó que en el Consejo de Ministros recién jurado “hay varios cerronistas y hay gente de Alianza para el Progreso (APP)”. Este giro de último minuto en la conformación del Gabinete no solo expone la fragilidad de las decisiones del presidente Balcázar, sino que revela las intensas presiones que enfrenta por parte de diversas bancadas del Parlamento. La información a la que pudo acceder El Comercio revela que la designación de Miralles ha sido el resultado de negociaciones políticas de última hora con las que De Soto no estuvo de acuerdo y en las que habría tenido influencia determinante el líder de Alianza para el Progreso, César Acuña, como señaló el propio economista arequipeño.
Si bien Miralles cuenta con más de 20 años de experiencia en el sector público y su ratificación en el Gabinete ha sido positiva, su nombramiento como presidenta del Consejo de Ministros en estas circunstancias levanta serias interrogantes sobre la capacidad del gobierno de Balcázar para actuar con autonomía frente a las presiones parlamentarias. La también permanencia del ministro de Relaciones Exteriores, Hugo de Zela, diplomático de carrera con más de cuatro décadas de servicio, constituye uno de los escasos elementos de continuidad institucional en medio de esta improvisación generalizada.
Es fundamental que tanto el presidente Balcázar como la titular de la PCM comprendan que la gestión que encabezan no es un gobierno ordinario con la legitimidad para emprender reformas profundas o implementar agendas ideológicas. Y deben tener en claro que la amenaza del fenómeno de El Niño costero es particularmente preocupante en este contexto, ya que regiones bajo fuertes lluvias, como Arequipa, Piura y Tumbes, esperan señales claras de respuesta ante la emergencia.
Como se ha mencionado en estas páginas anteriormente, el mandato de Balcázar es limitado y debe concentrarse, además de la situación climática, en tres prioridades esenciales que no admiten distracción alguna: garantizar elecciones transparentes y limpias en abril próximo, preservar la estabilidad económica en un contexto de incertidumbre global, y combatir la inseguridad ciudadana. Estas tres tareas no son negociables, y lo demostrado ayer produce dudas razonables sobre la capacidad de este gobierno para ejecutarlas con la seriedad y la eficacia que el momento demanda.
El anuncio y posterior cancelación de la designación de Hernando de Soto evidencia que este gobierno comparte la misma improvisación con la que empezó el presente lustro, cuando Perú Libre asumió el Ejecutivo –no es difícil recordar que se tomó juramento a un Gabinete sin ministro de Economía ni de Justicia–. Esto es lamentable porque la emergencia climática que se avecina no espera, y el país no puede darse el lujo de enfrentarla con un gobierno que, por presiones políticas, no puede sostener sus decisiones por más de 48 horas.