Editorial: El protector de Maraví

El silencio del presidente sobre la continuidad de su ministro de Trabajo no es indecisión; es complicidad.

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    "¿Por qué el mandatario prefiere esperar tozudamente a que el Legislativo remueva a un funcionario que solo le reporta pasivos políticos en lugar de licenciarlo él mismo?" (Foto: GEC).
    "¿Por qué el mandatario prefiere esperar tozudamente a que el Legislativo remueva a un funcionario que solo le reporta pasivos políticos en lugar de licenciarlo él mismo?" (Foto: GEC).

    Han pasado más de 120 horas desde que el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Iber Maraví, pusiera su cargo a disposición a través de una carta difundida en sus redes sociales y todavía no conocemos la respuesta oficial del presidente. Por supuesto, que no se haya pronunciado de manera expresa no equivale a decir que el mandatario no ha mandado un mensaje al respecto. Y, en este caso, el mensaje deja poco espacio para la interpretación: tratándose de una renuncia que se ventiló hace casi una semana y que supuso el ridículo público de su primer ministro, Pedro Castillo ha decidido colocarse como protector de Maraví. O, lo que es lo mismo, como protector de un ministro cuyos nexos con Sendero Luminoso son cada vez más numerosos e incontestables y cuya censura en el Congreso –a juzgar por los parlamentarios de distintas bancadas que ya han pedido públicamente su remoción– parece inminente.

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