Quizá no haya retórica política más trillada que aquella que dice preocuparse, sobre todo, por los niños del Perú. Compite con la perorata de campaña a favor de “los más pobres” y los marginados. Si contribuir al desarrollo de la niñez significa algo en concreto –más allá del discurso–, debería ser fortalecer su seguridad, salud y educación. Solo hay una oportunidad de darle a cada generación las herramientas que necesitará el resto de su vida.
De acuerdo con estadísticas del Instituto Peruano de Economía, publicadas ayer en estas páginas a propósito del Día del Niño, el compromiso con la siguiente generación deja todavía mucho que desear. En cuanto a salud, el reporte destaca, por ejemplo, que uno de cada tres menores de 3 años no recibe vacunas oportunamente, y el 71% no asiste a los controles completos de crecimiento. Un tercio padece de anemia. Respecto de la educación y seguridad, menos del 30% de alumnos de cuarto de primaria en colegios públicos alcanzó un nivel satisfactorio en lectura y matemática en el 2024, según exámenes del Ministerio de Educación (Minedu), y 843.000 niños estudian en centros educativos con alto riesgo de colapso. Un terremoto en horario escolar podría ser motivo de una tremenda –y prevenible– tragedia.
La falta de protección a la niñez va más allá. El portal SíSeVe del Minedu contabilizó, durante el 2024, casi 20.000 denuncias de violencia contra escolares. De estas, una de cada cinco, aproximadamente, era por violencia sexual. Las causas son variadas: encubrimiento interno, falta de supervisión, baja disponibilidad de psicólogos en colegios, entre varias más. En estos y en otros campos, las disparidades entre regiones son notables, lo que erosiona la promesa de la educación como un camino clave hacia la igualdad de oportunidades.
Lo anterior sugiere que los discursos a favor de la niñez no pasan precisamente de eso, discursos. Y no deja de ser paradójico que, habiendo elegido en el 2021 a un gobierno liderado por un dirigente sindical docente que además logró una masa crítica de congresistas vinculados al sector, la niñez y la educación no hayan tenido mayor prioridad. Pero no todo fue en vano. Si algo se consiguió en este período, más bien, fue avanzar con la agenda de grupos organizados de maestros (mayores sueldos, pagos extemporáneos, reposiciones, autorizaciones de sindicatos, etc.). Sobre los niños, eso sí quedó en segundo plano.