El presidente José María Balcázar tiene una capacidad inagotable para meterse en problemas por su propia boca. Hace apenas unos días, sus mentiras en torno de la compra de los aviones F-16 le costaron la renuncia de dos ministros y una moción de censura que busca firmas en el Congreso. Ahora, ha causado conmoción en el plano internacional con sus recientes declaraciones sobre la comunidad judía y la Segunda Guerra Mundial.
El último martes, el jefe del Estado dio un breve discurso en el marco del aniversario 138 de la Cámara de Comercio de Lima. Allí, se refirió a la obra “Los enemigos del comercio”, del filósofo español Antonio Escohotado, y afirmó que en dicho libro se explica, entre otras cosas, “cómo es que Alemania fue empujada a una guerra por culpa de una parte de los judíos, que controlaban todos los bancos, todo el comercio, y hacían usura”. Más allá de que su afirmación sea falsa –el libro de Escohotado no dice eso–, termina por hacerse eco de un peligroso bulo antisemita que, tras la Segunda Guerra Mundial, buscó ‘culpar’ a los judíos por el destino atroz que seis millones de ellos sufrieron en ese conflicto.
Nunca está de más recordar que quienes empujaron a Alemania –y a toda Europa– a la Segunda Guerra Mundial en 1939 fueron Adolf Hitler y su turba de fanáticos con su decisión de invadir Polonia; un asalto motivado por la agresiva política exterior del Partido Nazi, que se nutría tanto de una sed revanchista por la derrota alemana en la Gran Guerra, como por la concepción de que el país teutón era dueño de un “espacio vital” que debía ocupar. Y que en dicha contienda los judíos fueron víctimas de una de las vergüenzas más grandes de la historia de la humanidad: el Holocausto.
Ante el aluvión de críticas –nacionales e internacionales– por su afirmación falsa, irresponsable e indolente, el mandatario salió a explicar que fue malinterpretado. Sin embargo, ayer, en una actividad en Palacio, volvió a derrapar. “¿Quién puede imaginar que a Hitler lo elige unánimemente la gente en Alemania y terminó haciendo lo que terminó?” [sic], se preguntó. Como sabe cualquier persona informada, sin embargo, Hitler no fue elegido canciller de Alemania de manera unánime. Ni siquiera sacó la mayoría de los votos en 1932 y solo pudo gobernar gracias a una coalición. Recién hacia finales de 1933, con los partidos de oposición proscritos y con las tribus nazis amedrentando a los electores, el ‘Führer’ consiguió la mayoría parlamentaria que le permitió encaminar a Alemania hacia el totalitarismo. Esos matices, en historia, son fundamentales.
El presidente, por si lo ha olvidado, representa a todos los peruanos. No puede ser posible que muestre tal nivel de ligereza –por no usar otro término– al momento de hablar. Sus palabras pueden meter al país en líos diplomáticos incómodos e innecesarios en estos momentos. Como, de hecho, acaban de hacer.