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Macri tiene que dolarizar, por Ian Vásquez

“Eliminar el peso y reemplazarlo oficialmente con el dólar haría mucho para curar un mal crónico argentino que es la inestabilidad monetaria, producto de la irresponsabilidad de los políticos”.

Ian Vásquez Instituto Cato

Dólar

“Además de acabar con el riesgo de una devaluación, la dolarización ayudaría a estabilizar la economía, fortalecer la banca, reducir las tasas de interés y bajar la inflación”. (Foto: AFP).

El regreso de los peronistas en Argentina está prácticamente garantizado. La gestión del presidente Mauricio Macri ha sido tan pobre que ha resucitado a quienes hace tan solo cuatro años dejaron un país desolado.

Los mercados han reaccionado de manera previsible. El peso se desplomó 18% y el sistema bancario se debilitó desde que las primarias predijeron el cercano futuro peronista. Eso, sumado a otra devaluación del peso el año pasado y al rescate financiero más grande que haya otorgado el Fondo Monetario Internacional en toda su historia.

La crisis económica sigue empeorando. La respuesta de Macri ha sido anunciar subsidios, imponer controles de capital e incumplir ciertos pagos. La posibilidad de un ‘default’ y una crisis bancaria ha vuelto. Quien fue elegido como rival de los peronistas está reaplicando sus políticas.

A Macri, por lo tanto, le queda poca credibilidad. Pero sí hay una medida de largo alcance que todavía puede implementar y que sería un legado inmensamente positivo: dolarizar la economía. Eliminar el peso y reemplazarlo oficialmente con el dólar haría mucho para curar un mal crónico argentino que es la inestabilidad monetaria, producto de la irresponsabilidad de los políticos. Desde que se fundó el Banco Central de Argentina en los años 30, el peso ha colapsado ocho veces y le ha quitado el equivalente de 13 ceros a la unidad de cuenta.

Además de acabar con el riesgo de una devaluación, la dolarización ayudaría a estabilizar la economía, fortalecer la banca, reducir las tasas de interés y bajar la inflación. Las experiencias de países dolarizados como Ecuador, Panamá y El Salvador son alentadoras. Pero la de Ecuador es especialmente relevante para Argentina.

En el 2000, Ecuador dolarizó la economía en plena crisis económica. Años después, cuando Rafael Correa subió al poder, la incapacidad de poder imprimir billetes limitó su proyecto populista. Correa incrementó notablemente la deuda y el gasto público, pero no pudo abusar de “la maquinita” y, por lo tanto, generar estragos económicos como los que causaron el chavismo o el peronismo. No es exagerado decir que la razón por la que Ecuador hoy no se encuentra en la grave condición en la que están Venezuela o Argentina es por la dolarización.

Una de las ventajas de un sistema monetario basado en una moneda fuerte extranjera es que es difícil de revertir. Durante sus 10 años en el poder, Correa no pudo desdolarizar la economía a pesar de haber querido hacerlo. De hecho, el presidente escribió su tesis doctoral sobre cómo lograr la desdolarización, pero, cada vez que lo intentó, retrocedió ante la opinión popular y la reacción del mercado.

Argentina ya está dolarizada de facto, lo que demuestra que allí también es popular. Macri debe hacer lo que hizo el entonces presidente ecuatoriano, Jamil Mahuad, y anunciar que el país se va a dolarizar, aun sin tener siquiera un proyecto de ley. Así pasó en Ecuador y el solo anuncio empezó a estabilizar la economía y no solamente frenó la corrida en los bancos, sino que inmediatamente incrementó los depósitos bancarios.

¿Podrá Macri oficialmente dolarizar la economía antes de la toma de poder del próximo mandatario a principios de diciembre? El profesor Steve Hanke –el experto en dolarización más destacado del mundo– dice que sí. Montenegro, país donde él fue arquitecto de la dolarización, lo logró en 30 días.

Es más, dice Hanke –quien conoce bien la economía argentina y ha escrito un manual sobre cómo dolarizarla– que si Macri anuncia la dolarización, tendría un efecto económico positivo inmediato. Eso, a su vez, lo haría todavía más viable políticamente.

El presidente argentino debería aplicar las lecciones de Ecuador y así mejorar su propio legado haciéndole un enorme bien a Argentina.

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