Vivimos en estos tiempos una paradoja evidente: nunca tuvimos tanto acceso al conocimiento y, sin embargo, cada vez preguntamos menos. La tecnología y la inteligencia artificial nos dan respuestas inmediatas, pero también nos ahorran el ejercicio de observar, dudar y cuestionar. Esta lógica atraviesa a toda la sociedad, pero su impacto es más crítico en los niños, justo cuando la curiosidad debería estar en su punto más alto.
Vivimos en estos tiempos una paradoja evidente: nunca tuvimos tanto acceso al conocimiento y, sin embargo, cada vez preguntamos menos. La tecnología y la inteligencia artificial nos dan respuestas inmediatas, pero también nos ahorran el ejercicio de observar, dudar y cuestionar. Esta lógica atraviesa a toda la sociedad, pero su impacto es más crítico en los niños, justo cuando la curiosidad debería estar en su punto más alto.
Desde mi experiencia como fundador de PixelSciences, he visto cómo los escolares se entusiasman al descubrir que una gran idea científica puede surgir de una observación cotidiana. A través de REC Science, un proyecto de divulgación científica de PixelSciences dirigido a estudiantes de secundaria, comprobé que el interés existe. He conocido jóvenes con enorme potencial que solo necesitaban un espacio que validara la pregunta como punto de partida. El problema no es la falta de talento, sino la ausencia de oportunidades sostenidas dentro del sistema educativo.
Iniciativas del Gobierno como la Feria Escolar Nacional de Ciencia y Tecnología Eureka (Fencyt) son valiosas, pero resultan insuficientes si no se acompañan de programas continuos desde primaria. Aquí, el sector público y el sector privado tienen un rol estratégico: impulsar proyectos de divulgación científica temprana con enfoque local y llevarlos a las aulas, no solo como concursos, sino como procesos formativos permanentes.
Invertir en ciencia desde la niñez no es un gasto educativo; es una decisión de desarrollo. Una sociedad que aprende a preguntar desde pequeña está mejor preparada para innovar, decidir y construir futuro.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.