En apenas unos años, el número de fintechs creció en 20,9% según cifras recogidas por el BCR. Este crecimiento sugiere que nuestra relación con el dinero está cambiando. Hoy podemos transferir, pagar, invertir o buscar financiamiento desde una pantalla. Billeteras digitales, créditos en línea, factoring digital y crowdfunding han reducido distancias y tiempos que durante años parecieron inevitables. Sin embargo, digitalizar las finanzas es solo una parte de la ecuación. ¿Puede la transformación digital del Estado acompañar la velocidad con la que está cambiando la economía?
En apenas unos años, el número de fintechs creció en 20,9% según cifras recogidas por el BCR. Este crecimiento sugiere que nuestra relación con el dinero está cambiando. Hoy podemos transferir, pagar, invertir o buscar financiamiento desde una pantalla. Billeteras digitales, créditos en línea, factoring digital y crowdfunding han reducido distancias y tiempos que durante años parecieron inevitables. Sin embargo, digitalizar las finanzas es solo una parte de la ecuación. ¿Puede la transformación digital del Estado acompañar la velocidad con la que está cambiando la economía?
La respuesta no pasa por afirmar que el Perú no ha avanzado. Lo ha hecho. Existen servicios digitales, herramientas de interoperabilidad y un marco institucional orientado a la transformación digital. El Digital Government Outlook 2026 de la OCDE ubica al Perú con un puntaje de 0,40 frente al promedio general de 0,67. El verdadero reto está en conectar información para simplificar procesos y, cuando sea posible, anticipar las necesidades del ciudadano o de las empresas. Ahí es cuando en el derecho financiero surgen los retos jurídicos y regulatorios. Por supuesto, avanzar más rápido tampoco significa avanzar sin reglas: la transformación financiera debería ser equivalente a los avances en las regulaciones tecnológicas. Cualquier innovación necesita reglas capaces de acompañar y adaptarse, porque la innovación en finanzas trae oportunidades al igual que riesgos.
Por eso necesitamos una regulación capaz de garantizar transparencia y generar confianza sin convertir cada proyecto en una carrera de obstáculos. Tenemos la oportunidad de hacer reglamentos que permitan mayor innovación en distintos sectores. Tal vez el verdadero reto no sea simplemente digitalizar más. Será aprender a innovar sin desproteger y regular sin paralizar.