El avance tecnológico parece no tener cese. Según el reciente informe Digital 2026 de We Are Social (2025), la población de usuario de internet ha alcanzado ya los 6040 millones de personas, lo cual representa a más del 73 % de la población global. Esta integración masiva de aplicativos en nuestra vida cotidiana marca lo que Klaus Schwab (2017), fundador del Foro Económico Mundial, define como la “cuarta revolución industrial”.
Esta era viene de la mano de una ola de desarrolladores e ingenieros que, enfrentados a un mundo laboral altamente competitivo, buscan sobresalir y generar impacto mediante software innovador. Sin embargo, en esta carrera por la productividad, muchos inadvertidamente dejan de lado uno de los principios fundamentales de un buen desarrollador: la accesibilidad.
Considero que uno de los principales deberes éticos de un ingeniero es priorizar la experiencia universal del usuario. Gracias a los hitos como la telemedicina, el monitoreo constante mediante wearables y la inteligencia artificial, la esperanza de vida global ha aumentado hasta los 60 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2025). Esto conlleva una necesidad ineludible de considerar a la creciente población de adultos mayores y sus requerimientos específicos. La cantidad de nuevas herramientas que ignoran los estándares de accesibilidad no son solo una omisión, sino un claro indicador de que estamos fallando en nuestra responsabilidad de implicarnos y actuar.
Debemos tomar acción frente a esta brecha. Es urgente integrar convenciones que impacten directamente en la calidad de vida de los usuarios, como el acoplamiento de lectores de pantalla para personas con discapacidad visual o el diseño de interfaces de alto contraste para usuarios con visión reducida. La accesibilidad no es una característica secundaria o adicional; es una necesidad profesional imperativa. Este cambio de enfoque debe comenzar desde el diseño, como opciones de navegación y el tamaño de botones. La adopción y la defensa de pautas globales como las Web Content Accessibility Guidelines (WCAG) no solo demuestran profesionalismo, sino que aportan a la accesibilidad mediante estándares internacionales (Henry, 2025). Por ello, implementarlas nos reconecta con el lado humano de la tecnología, y asegura que nadie se quede atrás en el mundo digital.
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