Pide un deseo

La presidente Boluarte presenta síntomas de estar soñando con un futuro político más allá del 2026.

Mario Ghibellini
Por

Periodista

Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La señora Boluarte no es una generadora de grandes titulares. No hay traje amarillo patito que ahuyente el tono gris que tiñe su gestión. Y en el fondo eso es algo que habría que agradecer, pues jefes del Estado estridentes ya hemos tenido en el país y las consecuencias fueron siempre calamitosas. La experiencia enseña que, mientras menos persuadidos de su magnificencia y lugar protagónico en la historia estén los gobernantes, mejor para nosotros, los gobernados. “Mas como en los pobres –según dice el vals– no cabe la dicha”, los peruanos estábamos condenados a que esa vocación de irrelevancia no durase eternamente. Tarde o temprano, la presidente iba a sucumbir a los embelecos de la claque que la aclama en los espacios cerrados y a los dulces susurros de sus cortesanos, y los síntomas de siempre iban a aparecer. Pues bien, a juzgar por ciertos acontecimientos que se han hecho públicos en la última semana, ese tiempo ha llegado.

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