Zenaida Condori Contreras

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Recibir la primera dosis de la lo llenó de mucha ilusión. Luis Fajardo, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del , ve una luz de esperanza tras 11 meses de crisis sanitaria. El primer médico vacunado contra el en Arequipa siempre ha lidiado con la muerte, lleva 21 años salvando vidas en el área más crítica de su hospital, pero la pandemia lo ha tumbado. Varias veces ha caído de rodillas aferrado a la Medalla Milagrosa que lleva en el cuello, porque humanamente era difícil soportar tantas muertes al día.

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Mientras toma un descanso, luego de recibir la inyección, cuenta cómo fueron los días en la UCI de EsSalud. Su equipo fue uno de los primeros en prepararse para la pandemia. En marzo del 2020 tenían 10 camas UCI, las cinco que había en cuidados intermedios la implementaron y sumaron 15. A los pocos días se dieron cuenta de que era insuficiente. Los meses más difíciles fueron mayo, junio y julio. Frente a ellos se morían decenas de personas y vieron a muchas familias destrozarse.

Eran tiempos complicados. El laboratorio Sinopharm de China todavía no había iniciado los ensayos clínicos en el Perú y se veía lejana la posibilidad de una cura. Pero este último miércoles llegaron 6.908 vacunas a Arequipa, para los servidores de las áreas críticas de los hospitales del Minsa, EsSalud y clínicas. El jueves, escoltados de militares, se trasladaron las 2.555 dosis al hospital Carlos Seguín Escobedo. Los médicos de primera línea lo recibieron con aplausos, globos celestes y pañuelos blancos.

“Es un privilegio ser el primero en recibir la vacuna. Toda la población espera esta posibilidad de la vacunación y yo aliento a que las personas, en la medida que vaya dándose, accedan a las vacunas. Esta pandemia ha traído consecuencias catastróficas a nuestra sociedad. Tantos seres queridos que ya no nos acompañan y el impacto a la economía, es demasiado. Pero la vacuna nos abre un nuevo horizonte y la posibilidad de volver a una reinserción de la sociedad, a como éramos antes”, manifestó Luis Fajardo.

Dificultades

El médico aún recuerda la primera ola de contagios, vivida a mediados del 2020. El virus no tardó mucho en atacar a su equipo: 15 especialistas se contagiaron, hubo enfermeras y personal técnico con descansos médicos. Para atender la alta demanda de pacientes tuvo que ajustar horarios y sobrecargar de trabajo a los que quedaban. Un médico de UCI trabaja en promedio 150 horas al mes, pero les sumaron hasta 80 horas adicionales a cada uno. La UCI de este hospital se sostiene con el hombro de 31 médicos, alrededor de 100 enfermeras y unos 40 técnicos.

El golpe más duro lo recibieron en julio, cuando una médico joven falleció por COVID-19. La muerte de su compañera, la anestesióloga Tatiana Tavera, los desmoronó.

“Había médicos que querían irse y dejar la UCI. Temían por su vida y la de sus familias. Otros no querían que se les programe horas extras. Hemos tenido diferencias, hubo momentos en que solo nos mirábamos, no sabíamos que decirnos. Varios han terminado con problemas de ansiedad y cuadros de depresión severa”, recuerda Fajardo.

Si los médicos se retiraban dejarían a la deriva a los pacientes críticos. Se automotivaron y pese a los temores y dificultades, se recompusieron para seguir trabajando. Varios especialistas rentaron habitaciones y departamentos para vivir solos y así no poner en riesgo a sus familias. Además, implementaron más camas UCI. Como jefe, Fajardo solicitó a la institución más respiradores mecánicos, en total acondicionaron 36 camas para pacientes críticos.

Para septiembre los casos de contagios y muertes comenzaron a bajar en Arequipa, pero los pacientes en UCI nunca disminuyeron. Desde el inicio de la pandemia hasta enero del 2021 han salvado la vida de 142 personas, Fajardo prefiere no hablar de las cifras negras, dice que todos los esfuerzos por salvar una vida valen la pena.

Médico Luis Fajardo recibe la vacuna y luego regresa a trabajar a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en Arequipa. (Foto: Leonardo Cuito)
Médico Luis Fajardo recibe la vacuna y luego regresa a trabajar a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en Arequipa. (Foto: Leonardo Cuito)

Formación

Él estudió medicina en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), su primer trabajo fue en el hospital de Ocoña (Camaná) hace más de 25 años. Eligió la especialidad de medicina intensiva porque quería hacer algo más cuando no había ninguna opción ante la muerte. Su equipo se conmueve cuando alguien fallece. Asegura que las personas no son estadísticas negras, pero también han aprendido a sobreponerse, a no autodestruirse, ni derrumbarse con cada muerte porque de lo contrario no podrían trabajar.

Luis Fajardo está más que agradecido con su esposa, quien ha sido su soporte en todo este tiempo. Gracias a los cuidados que tuvo y los protocolos estrictos que aplicó en su casa, él y ningún miembro de su familia se infectó. Está trabajando dos años de seguido sin vacaciones. En enero salió una semana para descansar, pero como los casos comenzaron a subir con la segunda ola regresó al trabajo. En una emergencia sanitaria no puede dejar el hospital por largo tiempo. Tiene dos hijos. La de 19 años está estudiando medicina y se siente orgulloso de que siga sus pasos.

Milagros

Él es creyente. Como católico nunca ha perdido la fe en los momentos más difíciles y dice que ha sido testigo de milagros en su unidad. Cuando humanamente no se puede hacer nada y han agotado todas las posibilidades médicas, se encomienda al de arriba. Asegura que varios pacientes por gracia de Dios sobrevivieron.

“Era en la primera ola, una mujer de 83 años, que lastimosamente cuando llegó a nuestra unidad teníamos todas las camas llenas. La paciente estaba muy grave y parecía que iba a tener un desenlace fatal. Recuerdo que su familia se despidió por teléfono, pero milagrosamente días después comenzó a mejorar y sobrevivió”, contó el jefe de UCI.

Luis Fajardo, tras recibir la vacuna, respira más tranquilo. No significa que bajará la guardia, al contrario, seguirá usando la mascarilla, respetando distanciamiento social y lavándose las manos con agua y jabón. Tampoco tomará un descanso, vuelve a su unidad más fortalecido y esta vez con la certeza que pueden vencer al virus.

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