Según la fiscalía de lavado de activos, Bertha Rojas de Cerrón habría cumplido el rol de testaferro de sus hijos Vladimir y Waldemar.
Según la fiscalía de lavado de activos, Bertha Rojas de Cerrón habría cumplido el rol de testaferro de sus hijos Vladimir y Waldemar.
Por Carlos Paredes

La combativa profesora Bertha Rojas López fue una de los maestros universitarios que terminó encadenándose a las ventanas de hierro de la Catedral de Huancayo en una protesta gremial realizada en noviembre del 2016. Lo que reclamaban la madre de Vladimir Cerrón y sus colegas, todos catedráticos de la UNCP, era una homologación de sus sueldos según la escala vigente para todos los profesores universitarios del país. Esto no se cumplía en la universidad pública del centro del Perú. Por ello, pedían que sus haberes mensuales se equiparasen a los de los catedráticos de las grandes universidades estatales limeñas, que ya habían recibido un incremento. Ni la prensa local –que destacó la presencia de la madre del expresidente regional en la protesta extrema de los académicos huancaínos– ni sus colegas, algunos de ellos también encadenados, sabían que a doña Bertha no le hacía falta su sueldo de profesora universitaria, que ella ni tocaba ese dinero que se iba acumulando mes a mes en una cuenta del Banco de la Nación, tal como lo hizo Alberto Fujimori durante los diez años que pasó en Palacio de Gobierno hasta que renunció vía fax desde el Japón.

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