La ingeniería continúa llevando sus límites cada vez más lejos con proyectos que buscan transformar la manera en que las personas se desplazan entre distintas ciudades. Uno de los ejemplos más ambiciosos se encuentra en Europa, donde avanza la construcción de una gigantesca infraestructura que atravesará el subsuelo marino y alcanzará una extensión de 26,7 kilómetros, además de ubicarse a cientos de metros de profundidad. Se trata del proyecto E39 Rogfast, en Noruega, una obra que no solo promete convertirse en uno de los túneles submarinos de carretera más impresionantes del planeta, sino que también busca reducir considerablemente los tiempos de viaje en la costa oeste del país. Su magnitud, las condiciones geológicas del terreno y la complejidad de los trabajos han despertado el interés de quienes siguen de cerca las grandes obras de infraestructura.
El proyecto E39 Rogfast es impulsado por Statens vegvesen, la Administración de Carreteras Públicas de Noruega. La infraestructura tendrá aproximadamente 26,7 kilómetros de longitud y alcanzará una profundidad máxima de 392 metros bajo el nivel del mar, características que la convertirán en una de las obras viales submarinas más destacadas del mundo.
La construcción se desarrolla en el suroeste de Noruega y contempla una conexión que permitirá mejorar el desplazamiento por la costa occidental. Uno de sus principales objetivos es reducir la dependencia de los cruces en ferry, especialmente durante el invierno, cuando las condiciones meteorológicas pueden dificultar o incluso interrumpir este tipo de transporte.
La magnitud de Rogfast también está relacionada con el método utilizado para su construcción. Los trabajos requieren excavar directamente sobre la roca ubicada debajo del lecho marino, una tarea que demanda equipos especializados, planificación y tecnología adecuada para enfrentar las características del terreno.
De acuerdo con el material de referencia, el proyecto es considerado un hito para la ingeniería noruega debido a sus dimensiones y características. Además, se plantea como el primer túnel submarino de carretera de cuatro carriles, una particularidad que permitirá atender un importante flujo de vehículos una vez que la infraestructura entre en funcionamiento.
Aunque las obras comenzaron en 2018, el desarrollo del proyecto experimentó retrasos asociados a la pandemia. Actualmente, la culminación de los trabajos está prevista para 2033, por lo que todavía quedan varios años antes de que los conductores puedan utilizar esta nueva vía.
Una vez habilitado, el túnel permitirá modificar de manera importante los tiempos de desplazamiento en esta zona del país. Asimismo, se espera que genere efectos positivos para actividades como el turismo y la economía local, al facilitar la conexión terrestre entre distintos puntos de la costa. Según la información proporcionada, el uso de esta infraestructura tendría un costo aproximado de 30 dólares para los futuros usuarios.
Mientras Noruega avanza con una de las grandes obras de infraestructura vial submarina, la aviación comercial también prepara rutas de dimensiones extraordinarias. Una de ellas conectará Shanghái, en China, con Buenos Aires, Argentina, mediante una operación de China Eastern Airlines y una parada técnica en Auckland, Nueva Zelanda.
El recorrido alcanzará aproximadamente 19.681 kilómetros y podría extenderse durante cerca de 29 horas. El trayecto de ida tendría una duración aproximada de 25 horas y 30 minutos, mientras que el regreso podría llegar a las 29 horas debido a las condiciones de vuelo. Aunque el avión realizará una parada técnica en Auckland, los pasajeros no tendrían que abandonar la aeronave, por lo que la ruta es considerada un vuelo directo. De concretarse bajo estas condiciones, se convertiría en una de las conexiones aéreas más extensas actualmente disponibles.