Por Redacción EC

Dormir no solo representa una pausa para recuperar energías después de una jornada de actividades. Mientras una persona permanece dormida, el cerebro continúa desarrollando funciones esenciales, por lo que la calidad y las características del descanso han despertado un creciente interés entre los investigadores. Un estudio reciente puso el foco precisamente en este aspecto al analizar la posible relación entre los problemas de sueño y la edad biológica del cerebro. Los resultados sugieren que determinados patrones de descanso poco saludables podrían estar asociados con un cerebro que aparenta ser más viejo en comparación con la edad cronológica de una persona. A ello se suma otra investigación que examinó una particularidad genética capaz de explicar por qué algunas personas presentan una necesidad de sueño considerablemente menor que la mayoría. Ambos trabajos permiten observar, desde diferentes perspectivas, cómo el descanso nocturno y la genética pueden estar relacionados con la forma en que funciona y envejece el cerebro.