Por Fernando Roca Canales

El mercado automotor peruano atraviesa un momento que, en otro contexto, sería celebrado sin matices. Las ventas crecieron, el crédito se reactivó, nuevas marcas ingresaron con fuerza y los segmentos productivos mostraron claras señales de recuperación. Sin embargo, detrás de estas cifras alentadoras se esconde una paradoja que el país aún no termina de enfrentar. El crecimiento del parque vehicular no se ha traducido en una mejor movilidad ni en una renovación sustancial de una flota que envejece y contamina.

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