Cuando un vehículo peruano circula por Brasil, una de las diferencias que puede pasar desapercibida está dentro del tanque. No se trata únicamente del precio o del tipo de gasolina disponible, sino de la composición del combustible. Mientras en Perú el gasohol incorpora 7,8% de alcohol carburante, Brasil utiliza desde el 1 de agosto una mezcla temporal de 32% de etanol anhidro y 68% de gasolina, conocida como E32.
La diferencia es considerable. En el caso peruano, la normativa establece que el gasohol está compuesto por 92,2% de gasolina y 7,8% de alcohol carburante. Actualmente existen versiones Regular y Premium, con un mínimo de 91 y 96 RON, respectivamente.
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Brasil, en cambio, lleva décadas desarrollando una industria alrededor del etanol. La Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP) señala que el país utiliza el biocombustible a gran escala desde finales de los años 70 y lo incorpora tanto como etanol anhidro en la gasolina como en forma de etanol hidratado para vehículos compatibles.
Pero ¿qué cambia realmente dentro del motor?
La principal ventaja está relacionada con el octanaje. El etanol posee una elevada resistencia a la detonación y, al mezclarse con gasolina, eleva el octanaje de la mezcla. Documentos técnicos del Gobierno brasileño señalan que el incremento del contenido de etanol puede aumentar el RON de la gasolina y favorecer la eficiencia termodinámica de los motores. La ANP, de hecho, elevó el requisito mínimo de RON de la gasolina común brasileña a 94 para aprovechar este efecto.
Esto resulta especialmente interesante en motores modernos con relaciones de compresión elevadas, turboalimentación o sistemas de gestión electrónica capaces de aprovechar un combustible con mayor resistencia a la detonación. Un mayor octanaje permite trabajar con condiciones de combustión más favorables y puede traducirse en una mejor eficiencia y desempeño, siempre que el motor esté diseñado para aprovecharlo.
Eso no significa, sin embargo, que echar más etanol vaya a hacer que cualquier automóvil peruano sea automáticamente más potente. El propio Petroperú señala que cada motor está diseñado para trabajar con un determinado nivel de octanaje y que utilizar uno superior al recomendado no necesariamente mejora su rendimiento.
También hay una diferencia energética. El etanol contiene menos energía por litro que la gasolina, por lo que una mezcla con mayor proporción de este componente puede incrementar el volumen de combustible necesario para recorrer la misma distancia. Por eso, más etanol no significa necesariamente menor consumo.
¿Y qué ocurre con el cuidado del motor? Aquí también conviene evitar una conclusión apresurada. El etanol de mayor octanaje ayuda a controlar la detonación, pero no es correcto afirmar que una mezcla con más etanol, por sí sola, “limpia” o protege mejor el motor. La conservación depende también de la calidad de la gasolina base, los aditivos, el control de contaminantes y el cumplimiento de las especificaciones técnicas.
De hecho, Perú también cuenta con combustibles de bajo contenido de azufre y gasoholes que incorporan aditivos detergentes para controlar depósitos en componentes internos del motor.
La diferencia entre ambos países, por tanto, está menos en que uno tenga una gasolina “buena” y otro una “mala”, y más en cuánto protagonismo tiene el etanol dentro de cada matriz energética. Brasil ha construido durante décadas una industria automotriz y de combustibles capaz de utilizar mezclas mucho más altas. Perú, con un 7,8% de alcohol carburante, mantiene una participación mucho menor.
Y esa diferencia puede tener consecuencias en el desempeño, especialmente en motores preparados para aprovechar un mayor octanaje. Pero, para el conductor, la regla sigue siendo sencilla: el mejor combustible no es necesariamente el que tiene más etanol, sino el que cumple las especificaciones del vehículo y ofrece el octanaje recomendado por el fabricante.