Lluvia y llantas gastadas: ¿por qué una mala banda de rodadura puede hacerte perder el control?
El desgaste de los neumáticos reduce su capacidad para evacuar el agua y aumenta el riesgo de perder adherencia sobre el pavimento mojado. En temporada de lluvias, revisar la profundidad de la banda de rodadura y la presión de inflado puede marcar la diferencia
Cuando llueve, los neumáticos se convierten en uno de los elementos más importantes para mantener el control del vehículo. Son el único punto de contacto entre el automóvil y el pavimento y, aunque su superficie de contacto no es demasiado grande, de ella dependen la capacidad de acelerar, frenar y cambiar de dirección.
Cuando llueve, los neumáticos se convierten en uno de los elementos más importantes para mantener el control del vehículo. Son el único punto de contacto entre el automóvil y el pavimento y, aunque su superficie de contacto no es demasiado grande, de ella dependen la capacidad de acelerar, frenar y cambiar de dirección.
El problema aparece cuando la banda de rodadura comienza a desgastarse. Los canales que atraviesan el neumático tienen, entre otras funciones, la tarea de evacuar el agua que se encuentra sobre el asfalto. Si estos surcos pierden profundidad, disminuye la capacidad de expulsar el agua y aumenta la posibilidad de que se forme una película entre el neumático y la pista.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA) explica que la banda de rodadura proporciona agarre y tracción, especialmente sobre superficies mojadas, y recomienda reemplazar los neumáticos cuando llegan al indicador de desgaste, ubicado en 2/32 de pulgada (1,6 mm).
El riesgo de perder contacto con el asfalto
Uno de los escenarios más peligrosos es el aquaplaning o hidroplaneo. Este fenómeno ocurre cuando el agua acumulada sobre la vía impide que el neumático mantenga un contacto adecuado con el pavimento.
En esas circunstancias, el conductor puede experimentar una pérdida parcial o incluso completa de la capacidad de dirección y control del vehículo. La velocidad, la profundidad del agua, el diseño y desgaste del neumático y la presión de inflado son algunos de los factores que influyen en la aparición del hidroplaneo.
Por eso, un neumático que todavía puede utilizarse legalmente no necesariamente ofrece el mismo nivel de seguridad que uno nuevo cuando se conduce sobre una carretera mojada. A medida que disminuye la profundidad de los canales, también se reduce el margen disponible para evacuar el agua.
Un neumático desgastado. (Foto: Michelin)
/ Michelin
La presión también importa
El desgaste no es el único aspecto que debe preocupar al conductor. Una presión incorrecta puede modificar la forma en que el neumático entra en contacto con el pavimento y acelerar un desgaste irregular.
La NHTSA recomienda revisar periódicamente la presión y comprobar el estado de la banda de rodadura. Además, los propios neumáticos incorporan indicadores de desgaste que permiten identificar visualmente cuándo han llegado al límite establecido.
Una inspección sencilla puede revelar problemas antes de salir a la carretera. Si existen zonas considerablemente más desgastadas que otras, cortes, deformaciones o los surcos están prácticamente al mismo nivel que los indicadores de desgaste, es momento de evaluar su reemplazo.
No es necesario esperar a que llueva
El error de muchos conductores es prestar atención a los neumáticos únicamente cuando las condiciones climáticas cambian. Sin embargo, su estado debería revisarse durante todo el año.
La llegada de las lluvias simplemente hace más evidente cualquier deficiencia. Un neumático desgastado puede ofrecer un comportamiento aparentemente normal sobre una superficie seca, pero tener muchas más dificultades para evacuar agua cuando el pavimento está mojado.
Además, reducir la velocidad es una de las medidas más efectivas para disminuir el riesgo. Incluso un neumático nuevo tiene límites frente a grandes cantidades de agua acumulada.
Por ello, cuando aparece la lluvia, no basta con confiar en el ABS, el control de estabilidad o la tecnología del vehículo. Estos sistemas pueden ayudar a mantener el control, pero no pueden crear adherencia cuando el neumático ha perdido contacto suficiente con el asfalto.