Lima, 9 de julio de 2013. Fotografía del monitor Huáscar en Talcahuano, a propósito de la visita de la periodista Marisol Grau y el encuentro con María de la Luz Prat, bisnieta del Almirante Arturo Prat. FOTO GIANCARLO SHIBAYAMA /  EL COMERCIO.
Lima, 9 de julio de 2013. Fotografía del monitor Huáscar en Talcahuano, a propósito de la visita de la periodista Marisol Grau y el encuentro con María de la Luz Prat, bisnieta del Almirante Arturo Prat. FOTO GIANCARLO SHIBAYAMA / EL COMERCIO.
/ GIANCARLO SHIBAYAMA
Por Miguel Villegas

El Huáscar es un rompecabezas. Por un lado, una pieza clave para entender la peruana caballerosidad de Miguel Grau Seminario en una guerra. Por otro, la delirante promesa de un candidato que anunció el regreso del buque peruano desde Chile, como si se tratara de comprar un Condorito (1). El Huáscar es el penúltimo Inca en las Láminas Huascarán y foto de portada de mi Escuela Nueva de tercer grado A; es una avenida en Villa El Salvador, un parque zonal de Serpar, una cebichería cerca al Mercado N 1 de Surquillo. Huáscar nació, realidad, bajo el nombre de Tupic Cusi Hualpa, 388 años antes prestarle sus generales de ley al monitor que se dibuja de memoria cada 8 de octubre. Huáscar es un vocablo quechua derivado de waskhar, que significa cadena de oro. Es un museo vivo en Talcahuano, Chile. Y es un símbolo de los 200 años de historia republicana del Perú.

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