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Perrovaca: los perros no traicionan, por Jaime Bedoya

La partida de Olga, más conocida en la UNMSM como 'perrovaca', es una de las varias mascotas que han marcado nuestros recuerdos. La columna de Jaime Bedoya, a propósito del aniversario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Perrovaca

La mascota más querida por San Marcos falleció esta tarde tras varias semanas de lucha contra una penosa enfermedad. (Foto: Pedro Franceso)

De un monumento a un ser humano alcanza para producir por lo menos tres estatuas de perros. Hasta cuatro si se tratara de perros falderos.

Si la efigie de ese personaje fuese ecuestre, la conversión aumentaría considerablemente (solo el metal que supone un caballo daría hasta para media docena de canes).

Ante estas mejores eficiencias y rendimientos de recursos, la pregunta cae por sí sola: ¿entonces por qué no hay más estatuas de perros y menos estatuas de personas?

La inquietud se hace profunda tomando en cuenta una consideración inmaterial: los perros —sin ninguna duda— son mejores que las personas. Aun así estas se trepen sobre un caballo y señalen un destino, usualmente falaz.

Los perros no traicionan. No olvidan. No mienten. La gente es falible; los perros, no.

Justa y necesaria resulta la decisión de las autoridades de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, no en vano la Decana de América, en levantarle un monumento en su campus a quien fuera Olga (2008–2019), querida hembra chusca conocida como Perrovaca, símbolo de San Marcos.

Esa perrita mestiza llegó sola a los predios universitarios de la avenida Venezuela. Y en las aromáticas inmediaciones del comedor universitario logró conciliar los efluvios sabrosos del saltado de hígado o el picante de pollo con la tenacidad del activismo universitario, aprendiendo a asimilar el sabor amargo y lacrimógeno de la represión policial. El agridulce sabor de estar vivo y de pie ante la injusticia.

Para mayor mérito, la recordada Olga llevaba a cuestas sobre su instintiva disposición al reclamo social el sobrepeso característico que además de generarle varios tipos de displasias y disfunciones sacrolumbares le hizo merecedora del decidor apelativo volumétrico: Perrovaca. Soy así y mi cuerpo es hermoso, parecía decir sin palabras en las últimas marchas en las que se le vio participar, las de Ni Una Menos.

Olga, la Perrovaca, descansa en paz en terrenos del llamado bosquecillo cerca de su querido comedor universitario. La estatua en su honor se sumará a sendos conmemorativos caninos, como el del fidelísimo can japonés Hachiko, que esperó a su finado dueño durante nueve años en la estación de tren de Shibuya. Su estatua en Japón genera peregrinación mundial de amantes de los perros.

Súmese a Hachiko la memoria del héroe cuadrúpedo nacional Capitán Julio, héroe chusco inmortalizado a las puertas de la comisaría de Miraflores en la calle General Vidal.

El Capitán Julio se hizo héroe cuando en 2012, mostrando un liderazgo singular entre otros perros callejeros, interrumpió motu proprio un asalto cerca de la tienda Hiraoka de Petit Thouars. Fue adoptado por el SO Carlos Iglesias, que junto al can en cuestión conformó el dúo policial Julio Iglesias. El noble animal murió en 2014. Es raro el día en que su estatua no tenga flores.

El bronce es poca gratitud ante lo que nos enseña un perro. Quien no entiende de qué estamos hablando que acaricie el lomo de un perro. Y aprenda.

Perrovaca

San Marcos, mediante Twitter, informó que los restos de 'Perrovaca' descansa en el interior de la casa de estudios. (Foto: UNMSM)

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