La gente se extrañaba de verdad, la nostalgia existía. Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
La gente se extrañaba de verdad, la nostalgia existía. Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Por Renato Cisneros

Lunes 4 de octubre. 4:30 p.m. Estoy en el aeropuerto de Madrid esperando a mi madre. El avión que la trae desde Lima acaba de aterrizar y ahora coordino con ella por WhatsApp dónde encontrarnos. Viene en silla de ruedas, por eso estoy más ansioso y pendiente de lo normal. También porque a causa de la pandemia no la he visto en los últimos dos años. No quiero que falle nada. Me escribe comentando que la ayudarán a bajar una vez que el resto de pasajeros desocupe la nave. Varios minutos después me informa que en breve una furgoneta la llevará a recoger su equipaje. Todo marcha bien, pienso. Le pregunto si tiene a mano los documentos que debía imprimir para mostrar a los agentes de Migraciones. Me pone: “No hay necesidad”.

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