El test de Proust es un cuestionario creado por el novelista francés Marcel Proust. Se trata de un modelo en el que el entrevistado contesta a un formulario que se asemeja a un test psicológico, cuyas preguntas están diseñadas para revelar su personalidad. Esta semana presentamos a Marissa Chiappe.
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―¿Cuál es tu pasatiempo favorito?
Mirar. Vitrinas, personas, mercados. Que las cosas se revelen solas: un gesto, el carrito ajeno de la compra... Ahí están las historias.
― ¿Qué sería, para ti, la felicidad perfecta?
Ver a mi hijo realizado, sin que el éxito sea una medida ni una presión. Saber que encontró su lugar, no el que otros esperaban.
― ¿Cuál es el rasgo que más te define?
La capacidad de observar y hacerme preguntas. Aunque no siempre encuentro las respuestas.
― ¿Cuál consideras tu peor defecto?
No saber irme a tiempo de algunas cosas por intentar que funcionen: amistades, relaciones, trabajos, conversaciones o restaurantes.
― ¿Qué podría sumirte en la más profunda miseria?
Que le pase algo a mi hijo. Todo lo demás —las pérdidas, los fracasos, las caídas— sería doloroso, pero transitable.
― ¿Cuál es tu mayor extravagancia?
Creer que comer es, ante todo, un acto social. Y, cuando estoy sola, resignarme a pan con algo, de pie, sobre el lavadero.
― ¿Cuál es el peor defecto que otros pueden tener?
Creer que haber tenido oportunidades —educativas, culturales, sociales— autoriza a mirar al resto desde arriba.
― ¿Cuáles son las frases o palabras que utilizas con mayor frecuencia?
“¿No te provoca un heladito?”. Lo digo todos los días, a ver si consigo quórum.
― ¿Cuál ha sido tu mayor logro?
Haber dejado el mundo corporativo para hacer lo que de verdad me gusta: escribir. Y vivir de eso.
― ¿En qué ocasiones mientes?
Cuando me preguntan qué quiero comer y respondo que “lo que sea me viene bien”. Nunca es verdad
― ¿Cuándo y dónde has sido absolutamente feliz?
No creo en la felicidad absoluta, pero este momento se le parece bastante.
― ¿Cuál crees que ha sido tu mayor inversión?
El tiempo que me tomé para cambiar de rumbo. Aprender, equivocarme y volver a empezar, aunque no fuera lo más seguro ni lo más rentable.
― ¿Qué objeto personal es el que más valor tiene para ti?
Ninguno en particular. Lo que se queda no se puede guardar en un cajón.
― ¿Cuál es la cualidad que más admiras en una persona?
Saber pensar y saber escuchar. No siempre vienen juntos.
― ¿Con qué personaje de la historia es con quien más te identificas?
Con las mujeres que escribieron sin permiso y sin manual de instrucciones.
― ¿Cómo te gustaría morir?
Sin dolor, sin drama y sin asuntos pendientes.
― Si murieras y se te permitiera volver convertida en otra persona o cosa, ¿cuál crees que sería?
En un gato de casa. Para comer bien sin culpa, dormir mucho, elegir cuándo acercarme y cuándo irme sin pedir disculpas.
― ¿Qué talento especial te gustaría tener?
Decir exactamente lo que pienso sin herir a quien no lo merece.
― ¿Cuáles son tus escritores favoritos?
Flannery O`Connor, Carson McCullers, Joan Didion, Clarice Lispector, Mariana Enríquez, Delphine de Vigan, aunque últimamente estoy muy pegada con la literatura coreana femenina: Hang Kang y Cho Nam-joo.
― ¿Qué persona viva te parece despreciable?
Ninguna. Últimamente, intento mirar más, buscar los porqués y juzgar menos. //