Por Marco Quilca León

Hay amistosos que obligan a mirar de frente lo que viene. Y si hay algo que Mano Menezes entendió apenas pisó Videna, es que la selección peruana necesita eso: un impacto inicial. No un rival amable que adormezca las urgencias, sino uno que las exponga. Por eso Senegal, cuadro que ganó en el campo la Copa África, pero que hace unos días perdió el título por un reclamo de Marruecos (La CAF declaró ganador a Marruecos tras el abandono del campo de los senegaleses), aparece como la primera montaña que deberá escalar una Bicolor que entra en pleno proceso de recambio, con jugadores que buscan un lugar y referentes que deben sostener a los demás en la turbulencia.

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