En los primeros años del siglo XX, El Comercio daba cuenta de una explosión de hallazgos científicos y tecnológicos que desafiaban lo imposible: el vuelo controlado de los hermanos Wright, el invento de la bombilla de neón, la teoría de la relatividad publicada por Einstein o el primer medicamento útil para curar la sífilis desarrollado por Paul Ehrlich. Sin embargo, paralelo a ello, también resonaba con fuerza la verborrea seudocientífica de espiritistas, parapsicólogos, telépatas y clarividentes, Ya en 1908, este Diario alertaba de los riesgos que la práctica ocultista tenía para la salud mental.
LEE TAMBIÉN: ¿Estamos condenados a ver malas noticias?
Con escepticismo racional, se informaba que una exposición prolongada al espiritismo podía generar trastornos psíquicos “difícilmente curables”, y pedía a la población abstenerse de estas prácticas llevadas por charlatanes. -Una sesión privada- Por entonces, y a lo largo de décadas, la profusión de médiums por nuestra capital hizo que Oscar Miró Quesada de la Guerra, pionero del periodismo científico en el país, asumiera una personal campaña contra la informalidad paranormal. Desde una postura escéptica, en sus artículos el popular Racos daba cuenta de los trucos más empleados por “médiums” e “intuitivas” en sus sesiones. Asimismo, solía publicar noticias de sonados fraudes protagonizados por espiritistas en Estados Unidos, Inglaterra o Francia.
Quizá el caso más sonado sea el de la neoyorquina Eva Thompson, quien convenció al escritor Arthur Conan Doyle, el popular autor de “Sherlock Holmes”, de que podía contactar al alma de su madre recién fallecida, Mary Foley. Detectives de la policía de Nueva York, tras asistir de incógnito a una de sus sesiones, se abalanzaron sobre el vaporoso fantasma que apareció ante ellos tras un cortinaje. Al quitarle la gasa, se reveló que el espíritu era la propia médium, quien junto a su esposo, el reverendo Thompson, fue capturada.
Miró Quesada de la Guerra no solo ponía en evidencia a los espiritistas en sus escritos. De tanto escuchar relatos sobrenaturales en boca de sus colegas, decidió burlarse de su fe en los espíritus invitándolos a una sesión organizada por él. Así, a pocas calles del Diario, en una casa deshabitada del jirón Ica, Racso convocó a siete amigos, entre intelectuales y ‘socialités’ habituales del Club Nacional, una noche de marzo de 1909.
“Puntuales a la cita, en una sala japonesa de la casa vacía se dio comienzo a la sesión. Amoldándonos a las prácticas oficiales en esas materias, escogimos una mesita de tres patas, y sentándonos alrededor, colocamos las manos encima estableciendo la cadena”, escribe el periodista en una de sus crónicas tempranas. Invocaron el alma de Sofronia, dama griega contemporánea a Pericles. Poco después, el alma convocada hizo levitar la mesa. Crujidos y campanas que sonaban solas parecían demostrar la presencia del espíritu.
“Transcurren en silencio dos minutos más y la mesa inicia un bailoteo precursor del tango y del foxtrot”, apuntaba Racso, describiendo la posterior conversación con el alma en pena mediante el sistema “tiptológico”, como se llamaba al diálogo con los espíritus a través de golpes, a la manera del telégrafo Morse. “¿Puedes decirme cuántos soles tengo en el bolsillo?”, pregunta el periodista a la diva ectoplasmática. Entonces, la mesa da cinco golpes, la exacta cantidad que Miró Quesada tenía en los bolsillos.
El asombro de los asistentes se incrementa cuando Sofronia empieza a moverse en todas direcciones y la mesa empieza a dar brincos, hasta que el silencio se impone tras un ruido fuerte y sordo. Uno de los invitados enciende un fósforo. Todos los invitados tienen las manos posadas sobre la mesa, formando la cadena. Tras escudriñar la casa, seguros de que no había nadie más, los invitados deciden con prudencia suspender la sesión.
La sesión resultó tan memorable que Racso tuvo que publicar luego en El Comercio las claves del misterio: la presencia de un compañero redactor oculto en los altos del inmueble, responsable de mover los aparejos que animaban aquellos efectos. El recuerdo de aquel experimento de periodismo y psicología social queda como testimonio vigente de la eterna batalla entre la razón y la credulidad. Ese es el papel que el periodismo conserva hasta hoy ser el vigía escéptico en una era de cambios tan rápidos como inciertos.
A SABER
La práctica del espiritismo nació alrededor de 1835 con los efectos creados por las hermanas Margarita y Catalina Fox en Hydesville, Nueva York. Ellas atribuían los golpes y el movimiento de la mesa al "alma de los muertos", dando origen a una práctica que rápidamente ganó numerosos seguidores.
SOBRE EL AUTOR
Enrique Planas (Lima, 1970) es escritor y periodista cultural. Es autor de novelas Orquídeas del Paraíso, Alrededor de Alicia, Puesta en escena, Otros lugares de interés y Kimokawaii. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara lo reconoció como uno de Los 25 secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana.
Ver más
enrique.planas@comercio.com.pe