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Resumen

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Un ejemplo de la pasión por el teatro del Nobel peruano: Vargas Llosa y Aitana Sánchez Gijón, como el duque Ugolino y su creación imaginaria, la condesa de la Santa Croce en “Los Cuentos de la Peste”. (Foto: AFP)
Un ejemplo de la pasión por el teatro del Nobel peruano: Vargas Llosa y Aitana Sánchez Gijón, como el duque Ugolino y su creación imaginaria, la condesa de la Santa Croce en “Los Cuentos de la Peste”. (Foto: AFP)
Por Jorge Paredes Laos

El amor de Mario Vargas Llosa por el teatro fue a primera vista. No solo escribió de adolescente una obra teatral —La huida del inca—, sino cuando ya era un consagrado novelista, a partir de la década de 1980 volvió a la dramaturgia con una serie de obras que complementan su universo narrativo y se interrogan por la naturaleza y el poder de la ficción, entre las que destacan La señorita de Tacna, Kathie y el hipopótamo, Los cuentos de la peste y Odiseo y Penélope. En este último texto da voz a los dos personajes homéricos para volver a contar esa maravillosa aventura del héroe griego en su accidentado camino hacia Ítaca.

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