Por Katherine Subirana Abanto

¿Qué esperaría usted al asistir a un concierto de Joaquín Sabina, además de cantar a voz en cuello y beber una cerveza? No recurro a un cliché, sino a una verdad sostenida por la experiencia: para sus fans, las canciones de Sabina, su voz grave y rasposa, y su propia actitud ante la vida, son una invitación para embriagarse —como diría Baudelaire— de música, de poesía, de sentires…de la vida misma. La noche del sábado 04 de marzo, durante su más reciente show en Lima, los asistentes nos embriagamos, sobre todo, de nostalgia.

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