Patrick Romantik (Lima, 1983) lleva impregnados en la piel, su amor por el Perú y su espíritu artístico irreverente. Después de tatuarse en el brazo la trilogía andina y un geoglifo de las líneas de Nazca, el creador de originales y arriesgadas propuestas musicales se tatuó en la mano a Wiracocha, importante deidad del imperio incaico. “Elegí a un Dios supremo porque sabía que los españolas lo prohibieron en el tiempo de los incas y de haber vivido en esa época ya me hubiesen mandado a matar. De hecho fue un acto de irreverencia”, reflexiona el cantante y compositor peruano.

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