"Fue un horror", testimonio en Haití tras el huracán Matthew
"Fue un horror", testimonio en Haití tras el huracán Matthew

La paradisíaca bahía de Abricots ofrece hoy un paisaje de desolación: castigados durante horas por los vientos y lluvias torrenciales del huracán Matthew, los habitantes de esta pequeña aldea de Haití luchan por sobrevivir.

Tras haber pasado varios años en la capital Puerto Príncipe, David Millet se instaló en Abricots, a 17km de Jérémie, la capital del departamento de Grande Anse.

El pasaje de Matthew obligó a este hombre de 37 años a abandonar su vivienda ubicada a pocos metros de las aguas cristalinas del mar Caribe para instalarse con tres amigos en una vivienda sólida en las alturas de la localidad.

"Uno siente que no es nada cuando ve la fuerza de la naturaleza", dice Millet, que en 2014 fue designado consejero del consulado francés en Haití. 

"Hacia las siete de la mañana los vientos se calmaron y pudimos salir", recuerda.

"Todos los habitantes de la aldea estaban como nosotros, en la calle, y comenzamos a constatar la destrucción", relata.

El dique de 2 metros de altura que rodea Abricot había resistido entonces los embates del agua y el viento, pero todo a su alrededor era desolación, con árboles caídos y viviendas destruidas. 

Faltaba sin embargo lo peor.

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— Traumático —

Hacia las 9 de la mañana, "el viento retomó fuerza de improviso y corrimos a refugiarnos en la casa. A partir de entonces vivimos lo más grave. Fue un horror, algo verdaderamente traumático", dice David, aún afectado por lo vivido.

Empapados, ateridos de frío, él y sus tres amigos decidieron acurrucarse en una punta de la vivienda, golpeada de lleno por los vientos, que arrancaron parte del techo.

Recién al comienzo de la tarde volvió la calma a la pequeña aldea.

"Todo lo que había resistido por la mañana estaba destruido. El dique cedió y las casas del litoral desaparecieron, ni un árbol quedó en pie y los cultivos fueron arrancados de cuajo", comentó.

La principal preocupación de David, que durante años trabajó en Puerto Príncipe para la ONG Agrónomos y Veterinarios Sin Fronteras, es la destrucción de las plantaciones agrícolas. 

"Hoy hay abundancia de bananas y de palta, porque los habitantes recogieron todos los frutos que pudieron de los árboles derribados. La gente bromea incluso con que hay demasiada carne, porque el ganado murió y tenemos que comerlo", dice.

David no oculta su admiración por la solidaridad y la prudencia con que actuó la gente. La mayoría de la población había buscado refugio en construcciones sólidas antes de la llegada del ciclón. 

"El problema es que tenemos alimentos para 10 o 15 días. Después no habrá más nada. Deberemos buscarles otras actividades a los campesinos para que sobrevivan", alerta David, que ya se está ocupando de encontrar recursos para organizar una cantina comunitaria.

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Fuente: AFP

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