EEUUEl nombre de Emanuela Orlandi lleva 40 años resonando entre los muros del Vaticano. El 22 de junio de 1983, la hija de 15 años de un trabajador laico de la Santa Sede desapareció tras salir del departamento de su familia en la ciudad-Estado para ir a una clase de música en Roma. Nunca se volvió a saber de ella. Su historia se escuchaba cada vez con menos intensidad hasta que hace unos meses una serie documental en Netflix atrajo nuevamente la atención sobre el paradero de la joven, uno de los más grandes misterios de la historia italiana.
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El caso ha sido una sombra para el Vaticano, que hace una semana anunció la apertura de una investigación sobre la desaparición de Orlandi. Meses atrás, el hermano de la menor, Pietro, dijo en el documental “Vatican Girl” que el papa Francisco le habría dicho que Emanuela estaba “en el cielo”. Hace unos días arremetió contra la Santa Sede con un mensaje en el que decía que “no es necesaria una larga investigación porque conocen la verdad, basta con revelarla”.
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La familia lleva décadas asegurando que el Vaticano sabe lo que ocurrió con la menor, pero ninguna información trascendental ha sido revelada. Incluso al informar que abría la pesquisa, la Santa Sede no dio detalles de su decisión. “¿Qué documentos quieren revisar? ¿Los de la investigación de la fiscalía de Roma o tienen algún archivo que quieran compartir?”, dijo la abogada de la familia, Laura Sgro.
Por su parte, el fiscal del Vaticano, Alessandro Diddi, se limitó a decir que la decisión se tomó con base “en las solicitudes hechas por la familia en varios lugares”. Los Orlandi también han solicitado al Parlamento italiano que apoye la causa.
Teorías de todo tipo
La desaparición de Emanuela Orlandi es uno de los misterios más grandes de la historia reciente del Vaticano. El caso ha generado hipótesis y teorías conspirativas de todo tipo.
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Orlandi era una ciudadana vaticana y la cuarta de cinco hijos. Vivía junto con su familia en la ciudad-Estado. Según su hermana Natalina, residir ahí era como “vivir en un pueblo pequeño [...] Con la única diferencia de que a las 9 de la noche se cerraban las puertas”.
La noche de su desaparición, Emanuela salió de su clase de flauta en el Instituto Tommaso Ludovico da Victoria, cerca de plaza Navona. Iba a esperar a una de sus hermanas para ir a una cita con alguien que pensaba contratarla para que vendiera productos Avon. La última en verla fue su amiga Raffaella Monzi, de quien se despidió en un paradero de autos. Y entonces empezó el misterio.
Una de las teorías involucra al criminal Enrico de Pedis, uno de los jefes de la Banda de la Magliana, la mafia de Roma. Su examante lo acusó de haber secuestrado a la joven y hundir su cuerpo en hormigón. De De Pedis, asesinado en 1990 en un ajuste de cuentas, se cree que formaba parte de la logia masónica P2 y de sectores financieros del Vaticano.

La niña británica de 3 años desapareció de su cama en mayo del 2007 en un departamento de vacaciones en Algarve, Portugal.
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El menor de 7 años desapareció a solo unos metros de su casa cuando jugaba en su vecindario de Gran Canaria, en España, en el 2007.
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Tenía 8 años cuando desapareció a escasos metros de su casa en Alta Gracia, Córdoba, Argentina, en 1992.
Según otra tesis, la desaparición de la joven fue un intento de chantajear al Vaticano para que liberara a Mehmet Ali Agca, un turco encarcelado en 1981 por atentar contra el papa Juan Pablo II. En una carta abierta, Agca dijo que el documental de Netflix era una campaña de “calumnias sistemáticas” contra la Iglesia.
También se ha dicho que Emanuela fue secuestrada por un grupo criminal para recuperar un préstamo del expresidente del Banco Vaticano, Paul Marcinkus. Otra hipótesis apareció en el 2012, cuando un exorcista dijo que la menor fue secuestrada por un miembro de la policía del Vaticano que la usó como esclava sexual y luego la mató.
“Vatican Girl” revela un nuevo testimonio, el de una amiga de Emanuela, quien afirma que la joven le había dicho una semana antes de desaparecer que un clérigo de alto rango del Vaticano le había hecho propuestas sexuales.
Sobre la reapertura del caso, Gerardo Ferrara, representante de fundaciones de habla hispana en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma, dice que “puede que haya elementos nuevos, pero, como la misma familia declaró, no se ha sabido la razón de esta reapertura”.
Agrega que esta desaparición es muy famosa y aún se discute en Italia. “La serie en Netflix ha vuelto a poner la atención del público en el caso. En la época de Juan Pablo II, la repercusión fue muy grande porque en algún momento se creyó que estaba involucrado el hombre que intentó asesinar al Papa, pero nunca se probó. Siempre ha habido muchas especulaciones, pero nunca una verdad oficial o algo concreto”, comenta.
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¿Esfuerzo suficiente?
En sus décadas de búsqueda, la familia Orlandi ha logrado que la Iglesia les dé acceso a ciertos espacios. En el 2012, por ejemplo, la familia pidió una investigación cuando se encontraron restos óseos sin identificar al lado de la tumba del mafioso Enrico de Pedis. Siete años después, en el 2019, el Vaticano abrió la tumba de dos princesas alemanas en el cementerio teutónico de la Santa Sede, luego de que un mensaje anónimo con la foto del panteón fuera enviada a la familia.
¿Los esfuerzos del Vaticano han sido insuficientes? Ferrara apunta que en este tipo de casos nunca se hace demasiado, ni en el Vaticano ni en otros estados. “Es bueno que cada cierto tiempo se vuelvan a abrir algunos casos para ver si con las tecnologías modernas se puede averiguar algo más. Pero en este caso creo que lo más importante es que haya más transparencia, y considero que así será”.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

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