Argentina elecciones
Argentina elecciones
Ignazio De Ferrari

Politólogo. Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico

asiste a un cambio de época. Cuando ganó la presidencia en el 2015, eran mucho más las incertidumbres que las certezas. El triunfo electoral era muy ajustado y la minoría en las dos cámaras del Congreso aplastante. dejaba la Casa Rosada aupada por miles de incondicionales que llenaban la Plaza de Mayo.

Hoy, el panorama es completamente distinto. En solo dos años, Macri ha logrado convertir el endeble triunfo del 2015 en un apoyo mucho más sólido a lo largo y ancho del país. Más importante aún, el paradigma populista y de confrontación que dominó la política bajo el matrimonio Kirchner parece cederle el paso a una manera distinta de entender el poder.

En Argentina, las elecciones legislativas de medio término son interpretadas en clave presidencial. Bajo esa lectura, los resultados electorales del último domingo dejan a Macri en una posición casi inmejorable con miras a su reelección en el 2019. El 41% obtenido a nivel nacional y el triunfo sobre Fernández en las elecciones para el Senado en la provincia de Buenos Aires –histórico bastión peronista– significan un espaldarazo importante a su gestión.

Si hasta hace poco Propuesta Republicana –el partido del presidente– era una organización con presencia casi exclusiva en la ciudad de Buenos Aires, hoy se trata de una verdadera fuerza nacional. En esto ha ayudado su alianza con la Unión Cívica Radical –el segundo partido histórico del país– que tiene redes en todo el territorio.

El kirchnerismo, en cambio, ha hecho un recorrido a la inversa. De ser una fuerza nacional, ha quedado prácticamente limitada al conurbano bonaerense –los populosos distritos vecinos a la Capital Federal en los que el peronismo ha construido un extenso sistema de clientelismo político–.

¿Cómo se explica el excelente resultado de la coalición gobiernista? La mejora de las cifras de crecimiento y la reducción de la inflación en el segundo año de su presidencia sin duda han ayudado. Sin embargo, esas mejoras son aún tímidas. En su triunfo ha sido fundamental enfrentar a una oposición dividida entre el kirchnerismo y el peronismo tradicional. Este último se ha visto dispuesto a pactar en temas claves con el presidente.

Desde su elección hace dos años, Macri está logrando algo inédito: desbaratar algunos de los grandes mitos de la política argentina. El primero es que es imposible gobernar con el peronismo en la oposición. Desde la década de 1920 ningún presidente no peronista ha logrado completar su mandato. Macri está encaminado a hacerlo e incluso a ser reelegido.

El segundo gran mito es que una propuesta claramente de derecha ajena al peronismo jamás tendría éxito en las urnas. Macri es el primer presidente de derecha en ser elegido en elecciones libres y está demostrando un importante tirón electoral.

¿Significa la derrota de Cristina Fernández que Argentina está realmente encaminada a deshacerse del lastre del populismo? Por un lado, la facción no kirchnerista del peronismo parece determinada a emprender un camino al margen de Fernández, con tintes más socialdemócratas que populistas. La mayoría de gobernadores peronistas parece entender que mantenerse leales al proyecto de la ex presidenta, quien tiene pendiente varias causas ante la justicia, sería un acto de suicidio político.

Sin embargo, frente al desbande de sus ex aliados Fernández ha construido su propio relato del resultado: de todos los peronistas de primera línea a ella le fue menos mal que a los demás. En otras palabras, dijo “la verdadera oposición soy yo”.

Las derechas de perfil tecnocrático en la región –incluida la peruana del presidente Kuczynski– tienen mucho que aprender de lo conseguido por el macrismo. En primer lugar, el presidente argentino supo construir una organización seria, que desde la alcaldía de la ciudad de Buenos Aires, logró desarrollar una imagen de buenos gestores –llevan diez años gobernando la capital–. Por otro lado, la política de alianzas con fuerzas establecidas a nivel nacional fue uno de los grandes aciertos que le permitió al presidente contrarrestar sus limitaciones organizacionales.

El futuro es promisorio para Macri, pero el camino a la reelección está lejos de estar asegurado en un país en el que el peronismo siempre renace de sus cenizas. Si las cifras económicas no mejoran a paso más ligero, el relato del buen gobierno que busca construir el entorno presidencial podría quedar vacío. En ese contexto, el peronismo poskirchnerista podría volverse nuevamente una opción viable. Lo único claro, por ahora, es que los argentinos han querido cerrar el capítulo del kirchnerismo. Falta determinar si el macrismo es el nuevo paradigma.

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