Ha llegado el momento de enfrentar al temido monstruo de cinco columnas y más de 30 símbolos. Llegamos a la hora crucial en la que más de 27 millones de peruanos estarán frente al sabanón que será recordado como la cédula electoral más grande de la historia y que definirá el futuro del país que queremos para los próximos cinco años. El tiempo de escuchar propuestas, informarse y sacar conclusiones llegó a su fin. Hoy es el día decisivo.
Los verdaderos héroes de esta jornada serán los cientos de miles de ciudadanos sorteados como miembros de mesa. Ellos tendrán la inmensa tarea de organizar y dirigir la votación en sus locales, y luego, cuando todo termine, deberán escrutar y contabilizar los sufragios emitidos en cinco elecciones distintas. Llenar las actas será una labor larga y agotadora. Alejados por varias horas de los suyos y renunciando a sus días de descanso, estos peruanos serán los principales garantes de la legitimidad del proceso.
Una vez más, el destino del Perú dependerá de los trazos que hagamos en ese inmenso pliego de papel. No olvidemos que cuando el descontento impera, la improvisación suele disfrazarse de esperanza. Dejemos de lado la peligrosa atracción al abismo que ha caracterizado nuestras últimas elecciones, donde la pasión y el enojo han prevalecido sobre la reflexión. No olvidemos lo vivido en los últimos cinco años.
La decisión que tomemos hoy puede estar motivada por la apatía, la antipatía, el desencanto o simplemente por la tendencia de la semana. El afán punitivo contra los malos políticos puede estar justificado, pero mal utilizado es un arma de doble filo. La indignación puede ser comprensible, pero la irreflexión es peligrosa. Las consecuencias las pagamos todos.
A partir de las 5 p.m., cuando empiecen a conocerse los primeros resultados electorales y proyecciones, sabremos si estaremos más cerca del borde del precipicio o hemos empezado a alejarnos de él. Que la lucidez le gane en primera vuelta al hartazgo.
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