A lo largo de nuestra historia, el fenómeno de El Niño ha puesto a prueba la capacidad de Chile para enfrentar sus impactos climáticos. Sus efectos sobre las precipitaciones, las temperaturas y diversas actividades productivas nos han dejado importantes lecciones. Hoy, gracias al avance de la ciencia y al fortalecimiento de la coordinación institucional, contamos con mejores herramientas para anticipar sus consecuencias.
Históricamente, El Niño se ha asociado con un aumento de las precipitaciones en sectores del norte, centro y sur de Chile, especialmente durante el invierno y la primavera. También puede favorecer condiciones más secas en el altiplano durante el verano y alterar los patrones de temperatura. Episodios como los de 1982-1983, 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024 han demostrado sus repercusiones en sectores estratégicos como la agricultura, la energía, la pesca y la infraestructura.
Durante las últimas tres décadas, Chile ha logrado importantes avances en investigación climática, permitiendo comprender mejor los procesos de interacción entre el océano y la atmósfera. Desde la Dirección Meteorológica de Chile, hemos contribuido a este conocimiento mediante el monitoreo permanente, la elaboración de pronósticos estacionales y la entrega de información técnica para apoyar la toma de decisiones.
Sin embargo, uno de los principales aprendizajes ha sido comprender que no basta con conocer los fenómenos climáticos, sino que debemos prepararnos para enfrentar sus consecuencias.
En este ámbito, el país ha fortalecido su institucionalidad para la gestión del riesgo de desastres, mediante el trabajo coordinado del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, los organismos técnicos y los Comités para la Gestión del Riesgo de Desastres, y va avanzando a una mayor capacidad de anticipación y respuesta.
Hoy, frente al desarrollo de El Niño 2026, nuestros desafíos apuntan a perfeccionar la precisión de los pronósticos estacionales, ampliar su alcance territorial y comprender mejor los impactos socioeconómicos de este fenómeno.
Porque si algo nos ha enseñado El Niño es que, aunque no podemos evitar su ocurrencia, sí podemos prepararnos mejor para enfrentar sus impactos. En esa tarea, la ciencia, la información climática y la coordinación institucional seguirán siendo fundamentales para construir un Chile más resiliente.
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