En el marco del Día Mundial de la Población, el INEI presentó los resultados provinciales y distritales del censo nacional 2025. Más allá de las cifras, el verdadero valor de esta información no está en describir cómo es el Perú hoy, sino en anticipar hacia dónde se está moviendo. El censo no solo debería orientar las políticas públicas; también constituye una herramienta para quienes toman decisiones de inversión, desarrollan nuevos negocios o planifican infraestructura. Los resultados invitan a cuatro grandes reflexiones sobre el futuro del país.
La primera es el envejecimiento de la población. En apenas ocho años, la proporción de peruanos menores de 15 años se redujo del 26,5% al 22,7%, y la población de 60 años o más aumentó del 11,7% al 14,8%. El Perú sigue siendo un país relativamente joven, pero ya no tan joven como antes. Este cambio obligará a replantear prioridades en salud, pensiones, vivienda y cuidados de largo plazo, y transformará el mercado. Una población de mayor edad demanda productos, servicios y experiencias distintas a las que predominaban hace apenas una década.
La segunda tendencia confirma que el proceso de urbanización continúa. Aunque la población rural sigue creciendo en términos absolutos, pierde peso relativo dentro del país. Lo mismo ocurre con la población de la sierra. La reducción de la población en distritos pequeños y la concentración de la población en ciudades de mayor tamaño muestran que el Perú continúa desplazándose hacia espacios urbanos. El centralismo persiste, pero también aparecen nuevos polos de crecimiento, como Cerro Colorado, en Arequipa, que registra uno de los mayores incrementos poblacionales del país.
El tercer hallazgo está relacionado con la movilidad interna. Madre de Dios se consolida como el principal polo de atracción migratoria, con una capacidad para atraer población muy superior a la de otras regiones. Este fenómeno abre interrogantes importantes sobre las actividades económicas que impulsan ese crecimiento. Al mismo tiempo, provincias como Puno y San Román registran pérdida de población. Esto podría ser un indicador de cómo el crecimiento de la minería ilegal impacta en el crecimiento de la población de los departamentos colindantes.
Huancavelica es el departamento con mayor proporción de población rural (67,4%), pero al mismo tiempo registra la mayor expulsión neta de habitantes y una de las tasas más altas de analfabetismo del país. Cabe preguntarse cuánto está influyendo en esta salida poblacional el desarrollo de la agroindustria en Ica, que podría estar atrayendo mano de obra desde departamentos vecinos al ofrecer mayores oportunidades de empleo y un mejor acceso a servicios básicos.
El censo también muestra avances, pero recuerda que persisten importantes brechas. Mejora el acceso a servicios básicos y la penetración de Internet alcanza casi 7 de cada 10 hogares, pero alrededor de un tercio de la población aún carece de acceso a agua y saneamiento. A ello se suma que el analfabetismo continúa concentrándose en las mujeres y en las personas mayores. El crecimiento del número de viviendas, muy cercano al crecimiento poblacional, también revela cambios en la composición de los hogares, con familias más pequeñas y nuevas formas de convivencia que tendrán efectos sobre la demanda de vivienda, consumo y servicios.
Estos cambios no son neutros. Para el Estado, representan una oportunidad para asignar mejor los recursos, planificar infraestructura y diseñar políticas acordes con la realidad demográfica. Para el sector privado, constituyen una fuente de información para decidir dónde invertir, qué productos desarrollar y cómo evolucionarán los mercados en los próximos años.
El censo no es simplemente una fotografía del Perú. Es, sobre todo, un mapa de su futuro. El verdadero desafío es convertir esta data en mejores decisiones.
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