EEUU/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
Ese horror que es Cuba
“De las cenizas de varias generaciones Cuba tendrá que reconstruirse”.

Historiador
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!["[Castro] instauró la primera dictadura del continente que no se avergonzaba de su nombre: concentración absoluta del poder en su persona". Ilustración: Giovanni Tazza](https://elcomercio.pe/resizer/v2/ZKIMPZGW3JA4BLC246RLT5WKPE.jpg?auth=c0547ed49302804a669e09a94db975abb80bf5397ea10add2e1ba4e18f5a53fd&width=600&height=486&quality=75&smart=true)
Todo comenzó cuando el barbado redentor bajó de la Sierra Maestra con la actitud que recogería una canción que se volvió popular: “Y aquí pensaban seguir / Jugando a la democracia / Y el pueblo que en su desgracia / Se acabara de morir // Se acabó la diversión / Llegó el Comandante / Y mandó a parar”.
Todo comenzó cuando el barbado redentor bajó de la Sierra Maestra con la actitud que recogería una canción que se volvió popular: “Y aquí pensaban seguir / Jugando a la democracia / Y el pueblo que en su desgracia / Se acabara de morir // Se acabó la diversión / Llegó el Comandante / Y mandó a parar”.
Detengámonos en cada línea. Bajo el régimen de Fulgencio Batista, Cuba no “jugaba a la democracia”: era una dictadura brutal que había interrumpido la continuidad republicana. Al llegar el Comandante, no la “mandó a parar”. Más bien instauró la primera dictadura del continente que no se avergonzaba de su nombre: concentración absoluta del poder en su persona, supresión de todo vestigio de un Estado de derecho; abolición de todas las libertades, partido único, dogma marxista, campos de reeducación y trabajo, persecución de homosexuales, presos políticos, espionaje y control institucionalizados a cargo de los CDR, comités de defensa de la revolución que Fidel llamó “un millón de tapabocas”. Un estalinismo con palmeras subsidiado por la patria de Stalin.
En vísperas de la revolución, “el pueblo no estaba por morir”. Cuba tenía el tercer producto bruto per cápita más alto de la zona (superado por Venezuela y Uruguay), la mayor ingesta de proteínas (detrás de Argentina y Uruguay), producía el 80% de sus alimentos y era un país líder en servicios médicos y educativos. En 1958, para una población de poco más de seis millones de habitantes, había 6’325.000 reses, es decir, una por persona. El consumo anual per cápita de carne de res había subido a 50 kg.
Y, sin embargo, “llegó el Comandante y mandó a parar”... para siempre. Primero las grandes empresas, luego las empresas medianas y finalmente las pequeñas empresas, germen maligno del capitalismo que era preciso erradicar. Increíblemente, en unos cuantos días de 1968 los CDR expropiaron 58 mil pequeños negocios. Paradójicamente, buena parte de esos negocios habían sido creados después de la revolución. Muchos de aquellos empresarios “pequeñoburgueses” fueron obligados a realizar trabajos de labor intensiva en agricultura o construcción. Y ese año se eliminaron las pequeñas parcelas dentro de las granjas estatales. Fidel fue más allá de abolir el capitalismo: abolió el mercado.
La única empresa que el Comandante no “mandó a parar” fue la suya propia: Fidel aspiró a ser el único empresario, el empresario total, en una isla sin empresarios. No es casual que algunos críticos hayan hablado de la “isla finca” de Fidel. Él solo ordenó la cruza de cebúes cubanos con vacas Holstein. Él solo decidió la destrucción del anillo de árboles frutales y cítricos que rodeaba La Habana para sembrar una variedad de café (que resultó un desastre). Él solo decretó que, para Cuba, cosechar 10 millones de toneladas de caña era “cuestión de honor para la revolución”. Tras el fracaso, Fidel lamentó que el “aprendizaje” haya salido caro a la revolución y, ante el alza de ausentismo laboral en el campo y la ciudad, decretó una Ley contra la Vagancia y selló las fronteras de la isla: según Castro, ya no había ciudadanos que quisieran salir de Cuba. Pero, eso sí, en su mesa nunca faltó la langosta.
Cuando a fines de los 80 cesó el subsidio soviético (US$65 mil millones entre 1960 y 1990), Fidel tuvo la oportunidad de emular a China y abrir la economía. Por supuesto, la desdeñó. Chávez reinstauró un subsidio superior al ruso (US$13 mil millones solo en el 2010). Frente a la improductividad de las empresas manejadas por la nomenklatura política y militar, Raúl declaró: “Cuba es el único país donde la gente puede vivir sin trabajar”. Y, sin embargo, se rehusó a introducir una reforma económica, no se diga a considerar por un minuto la apertura política.
Tras 67 años de revolución, Cuba se encuentra en la situación inversa a la de 1958. En el 2023 la producción azucarera era un 5% que la de 1958, mientras que el ganado porcino cayó a un tercio entre 1958 y el 2024. Hace mucho tiempo que Cuba importa más del 80% de los alimentos que consume. En los primeros cinco meses del 2025, las importaciones desde EE.UU. superaron los US$200 millones, un 16,6% más que el año anterior. Entre 1985 y el 2023, las exportaciones cubanas disminuyeron en 78%. Hay 2,9 millones de reses para poco más de nueve millones de habitantes pero matar vacas está severamente penado. El consumo anual per cápita de carne de res es de 438 gramos: 0,8% que el de 1958.
De las cenizas de varias generaciones Cuba tendrá que reconstruirse.










