Los militares y las cárceles

“¿Keiko pondrá soldados en las calles, con sus armas largas, hasta reducir las extorsiones y asesinatos? Da la impresión de que desea más que eso”.

    Ricardo Uceda
    Por

    Periodista

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    Resumen

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    Composición: El Comercio / Ilustración: Giovanni Tazza
    Composición: El Comercio / Ilustración: Giovanni Tazza

    El 4 de mayo del 2026 fue asesinado en la cárcel de Juliaca el presidiario César Velásquez Montoya, de 48 años. Cumplía una sentencia de 25 años por lavado de activos, cometido con la organización criminal Los Plataneros, en Trujillo. Aunque la noticia de su muerte no fue destacada, había varias razones para considerarla un hecho extraordinario. A las 2:30 p.m., cuando estaba en el patio del pabellón 5, de máxima seguridad, entró bruscamente otro interno con un revólver Smith & Wesson calibre 32 en la mano y le disparó cuatro balazos en la cabeza. El asesino, Luis Pairazamán Alcántara, de 46 años, se entregó de inmediato a las autoridades del penal. Estaba condenado por robo agravado a 25 años de penitenciaría. Lo insólito no era que un preso matara a otro en una cárcel del Perú, sino que lo hiciera con un revólver y no con un punzón o a golpes. El último ‘fierro’ hallado en una requisa fue en el 2017, en Sarita Colonia, en el Callao. Antes de Velásquez, en el 2014 fue asesinado a balazos –¡y con silenciador!– Segundo Huamán, un recluso de El Milagro, en Trujillo.

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