El presidente José Jerí ha dado una explicación tardía al país sobre la reunión que sostuvo con el empresario chino Zhihua Yang el 26 de diciembre. Es necesario que dé una explicación convincente porque, como reveló el domingo un reportaje del programa “Punto final”, esa reunión se produjo fuera de Palacio de Gobierno, cerca de la medianoche y de manera furtiva. El mandatario, en efecto, acudió a la cita con capucha y solo la circunstancia de que la prensa la divulgara ha forzado un reconocimiento oficial de que se produjo.
Los argumentos del área de prensa de Palacio para tratar de calmar las aguas y despejar las suspicacias, además, han sido francamente deleznables. Sostener que el jefe del Estado acudió a la reunión encapuchado “para evitar que le pidan muchas fotos” es vergonzoso, pues Jerí se trasladó hasta el lugar del encuentro en el ‘cofre’ presidencial y, como dijimos, cerca de la medianoche. ¿Cómo habría podido, entonces, la poca gente que había en la calle a esa hora acercársele para reclamarle una foto? ¡Tendría que haber saltado hasta dentro del automóvil a través de una de las ventanas! Algo parecido cabe anotar acerca de lo declarado sobre la agenda de la cita: supuestamente, la próxima celebración del Día de la Amistad Perú-China. ¿Le toca al presidente abordar esa materia o a nuestra diplomacia? ¿Y es con un empresario chino con quien corresponde tratarla, o con un representante del gobierno de ese país? ¿Y no sería lo adecuado, por otra parte, que su interlocutor, cualquiera que fuese, acudiera a Palacio, en lugar de tener que desplazarse él hasta su oficina?
En el edificio de San Borja donde se produjo la reunión, adicionalmente, funcionan las oficinas de varias empresas relacionadas con Zhihua Yang, algunas de las cuales contrataron los servicios de Nicanor Boluarte cuando su hermana estaba todavía en el poder. Un detalle que despierta suspicacias adicionales, pues sugiere una voluntad de estar cerca de quien maneje las riendas del país, pero de un modo casi disimulado.
La verdad es que la escena de un presidente saliendo de Palacio a escondidas y embozado para sostener un encuentro no registrado en la agenda oficial se parece demasiado a otra que ya hemos conocido. A saber, la del exmandatario Pedro Castillo escurriéndose bajo las sombras de la noche en la casa del pasaje Sarratea, en Breña, para acordar cosas que hoy investiga el Ministerio Público. Una evocación ingrata de la que el actual gobernante tiene que alejarse cuanto antes.