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Editorial: Ciento volando

La administración Vizcarra cumple cien días sin haber incurrido en errores graves pero también sin muchos avances que exhibir.

Editorial

Martín Vizcarra

Martín Vizcarra juró al cargo de presidente de la República el 23 de marzo pasado, dos días después de la renuencia de su antecesor, Pedro Pablo Kuczynski.

AFP

Martín Vizcarra ha cumplido esta semana cien días en la presidencia y, aunque él ha pedido en más de una oportunidad que se esperen seis meses antes de adelantar una primera evaluación de su administración, el balance resulta inevitable. Los cambios que han registrado las encuestas en las últimas semanas así lo confirman.

De acuerdo con la encuesta de El Comercio-Ipsos, en efecto, la aprobación del mandatario pasó del 52% al 37% entre el 11 de mayo y el 8 de junio; mientras que la del gobierno en su conjunto cayó del 39% al 27% en el mismo lapso. Y esas cifras hablan del asomo de una cierta impaciencia ciudadana. Es verdad que tres meses y algo más no son tiempo suficiente como para determinar si una gestión supondrá reformas importantes en sector alguno, pero sí alcanzan para identificar el talante con el que esta viene enfrentando la tarea que tiene por delante.

En ese sentido, lo que se percibe de parte del jefe del Estado y su Gabinete es una cierta dificultad para pasar de los gestos generales de compromiso con la educación, la salud o la descentralización, a políticas concretas, así como para perseverar en lo que en principio se consideró positivo para el país si se encuentra resistencia en el camino. Lo sucedido a propósito del Impuesto Selectivo al Consumo y la consecuente renuncia del entonces ministro de Economía, David Tuesta, es el ejemplo más nítido de ello, pero no el único. Como hemos mencionado ya en esta página, la ‘corrección’ del alza de la tarifa del agua en Moquegua dispuesta por Sunass y la oferta de revisar los contratos de concesiones viales caen dentro de la misma categoría.

Claridad de ideas y convicción para sacarlas adelante no parecen haber sido, pues, precisamente las ventajas comparativas de la actual gestión hasta el momento. Pero hay que decir también que no todo ha sido negativo a ese respecto: allí donde la administración Kuczynski no dejaba pasar oportunidad para trabarse en un áspero y generalmente estéril intercambio de desplantes con la primera mayoría del Congreso, el actual Ejecutivo practica una prudencia que obliga a aquella a corresponder con similar tino.

¿Cuáles son los límites recomendables de ese recato? Pues ese es un territorio que el presidente parece estar explorando. La posición frente a la conveniencia de que las operaciones de las cooperativas cayeran bajo la supervisión de la Superintendencia de Banca y Seguros y la acción de inconstitucionalidad en contra de la ley que prohíbe la publicidad estatal en los medios privados constituyen una reciente afirmación de identidad política que aleja el temor de que todo sea concesión y silencio ante la ya mencionada mayoría parlamentaria.

En lo que concierne a su relación con la bancada Peruanos por el Kambio, por el contrario, el mandatario y –sobre todo– el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, no han sido igualmente cautos. Al parecer, la circunstancia de que esta no puede aportar una cantidad de votos determinante en el pleno (14 de 130) y la mala sangre generada con algunos de sus integrantes durante el proceso que culminó con la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski han ocasionado que la comunicación entre estos dos cabos del oficialismo sea, por decir lo menos, deficiente. Le toca en esta tensión, por supuesto, algo de responsabilidad a cada una de las partes. Pero quien más tiene que perder en una eventual ruptura es el Ejecutivo, que necesita siempre voceros para sus iniciativas en el Legislativo y defensores de sus causas políticas, por minoritarias que luzcan antes de ir al voto, y, no obstante, daría la impresión de estar decidido a espantarlos. Y, a juzgar por las declaraciones de la congresista Mercedes Araoz en estos días, los gestos del presidente Vizcarra para corregir esa situación no han tenido éxito.

Cien días, en fin, han pasado desde que la actual administración entró en funciones y, si bien no puede decirse que haya incurrido en errores graves, tampoco es posible anotar muchos avances en su haber. Y esto último debería ser un motivo de alarma para sus responsables porque el tiempo pasa volando.

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