Por Christian Gambini

“Todo tiempo pasado fue mejor”, reza una frase que vuelve a resonar cuando se compara la educación emocional de generaciones anteriores con la actual. No se trata de añorar la tecnología de aquellos años, sino de recordar cómo nuestros padres y abuelos enfrentaban la crianza y enseñaban a manejar las emociones. La sociedad ha cambiado y, con ella, también las formas de educar a los más pequeños. Hoy, la protección y la búsqueda constante del bienestar infantil ocupan un lugar central en muchas familias. En ese camino, algunos especialistas advierten que también pueden aparecer nuevos desafíos para la formación emocional.