No todo lo que viene empaquetado es igual, y por ello no todo lo procesado es, por defecto, poco saludable. ¿Cómo entenderlo mejor? Aquí te lo explicamos.
“Eso es procesado, no lo comas”. Seguro has escuchado esta frase alguna vez. Y aunque la intención puede ser buena, hay un pequeño problema: prácticamente todos los alimentos que comemos han pasado por algún grado de procesamiento. El yogur es procesado. El aceite de oliva del mismo modo. El pan, el queso, las verduras congeladas y una lata de atún también lo son. Incluso cocinar una papa implica transformar el alimento original. Entonces, antes de declarar enemigo público a todo lo que viene en paquete, necesitamos entender una diferencia importante: procesado no significa automáticamente poco saludable, y tampoco todos los ultraprocesados son nutricionalmente iguales. Te lo explico.
“Eso es procesado, no lo comas”. Seguro has escuchado esta frase alguna vez. Y aunque la intención puede ser buena, hay un pequeño problema: prácticamente todos los alimentos que comemos han pasado por algún grado de procesamiento. El yogur es procesado. El aceite de oliva del mismo modo. El pan, el queso, las verduras congeladas y una lata de atún también lo son. Incluso cocinar una papa implica transformar el alimento original. Entonces, antes de declarar enemigo público a todo lo que viene en paquete, necesitamos entender una diferencia importante: procesado no significa automáticamente poco saludable, y tampoco todos los ultraprocesados son nutricionalmente iguales. Te lo explico.
Una manera sencilla de entenderlo es pensar en niveles. Primero están los alimentos naturales o mínimamente procesados: frutas, verduras, huevos, legumbres, carnes, pescado, leche o frutos secos. Pueden haber sido lavados, cortados, congelados o pasteurizados, pero mantienen bastante intacta su estructura original. Luego encontramos ingredientes culinarios procesados, como aceites, mantequilla, azúcar o sal, que utilizamos para cocinar. Después vienen los alimentos procesados: por ejemplo, un queso, un pan sencillo, conservas de pescado o verduras enlatadas. Aquí ya existen modificaciones, pero el alimento original todavía es fácilmente reconocible. Y finalmente están los ultraprocesados: formulaciones industriales que suelen combinar ingredientes refinados, grasas, azúcares, sodio y distintos aditivos para mejorar sabor, textura, duración o apariencia. Aquí encontramos desde gaseosas y golosinas hasta muchos snacks, cereales azucarados y productos listos para consumir.
Sí es un problema que los ultraprocesados desplacen alimentos con más calidad nutricional: por ejemplo, que dejemos de comer lentejas y prioricemos las papas fritas o salchichas.
/ Guillermo Spelucin Runciman
¿Significa que todos los productos de esta categoría tienen exactamente el mismo impacto? No. Un cereal cargado de azúcar, un yogur con proteína y un pan empacado con buena cantidad de fibra pueden entrar en conversaciones sobre procesamiento, pero nutricionalmente cuentan historias muy diferentes. Por eso mirar únicamente una categoría puede hacernos perder información importante. Y aquí entra una palabra que me encanta: contexto.
No es lo mismo que un ultraprocesado aparezca ocasionalmente dentro de una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, proteínas y fibra, a que represente la mayor parte de lo que comemos. El problema surge especialmente cuando estos productos desplazan alimentos con mayor densidad o calidad nutricional. Es decir, cuando dejamos de comer lentejas o el camote al horno para reemplazarlos por las papas fritas o las salchichas. De hecho, un consumo elevado de ultraprocesados se ha asociado con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y otros problemas de salud.
Entonces, ¿cómo elegimos mejor? Empieza mirando qué te aporta el producto, no únicamente qué le quitaron. ¿Tiene proteína? ¿Fibra? ¿Micronutrientes? ¿Te da saciedad? Luego revisa la lista de ingredientes para entender de qué está hecho ese ultraprocesado y qué estás comprando. Una lista larga no convierte automáticamente a un alimento en “malo”, pero sí puede darte pistas sobre su composición. De la misma manera, vale la pena preguntarte algo muy simple: ¿qué lugar ocupa este alimento en mi dieta? Unas galletas durante un viaje no tienen el mismo impacto que desayunar, merendar y cenar ultraprocesados todos los días. Nuevamente, contexto.
Recuerda: comer saludable no significa preparar absolutamente todo desde cero, jamás abrir un paquete, ni tener miedo a un ingrediente que no puedes pronunciar. La nutrición necesita ciencia, pero también realidad. Prioriza alimentos mínimamente procesados la mayor parte del tiempo, utiliza los productos procesados que te faciliten comer bien y disfruta lo demás con contexto y frecuencia.
Además…
A saber
Los ultraprocesados son formulaciones industriales que combinan ingredientes refinados, grasas, azúcares, sodio y otros aditivos para mejorar sabor, textura, etc.