EEUUCaminar por la avenida Arequipa es darse cuenta de que la Lima que conocieron nuestros abuelos está a punto de desaparecer. La vía que se construyó a inicios del siglo XX para unir el Centro de Lima con los balnearios de Barranco y Miraflores, ha sucumbido hoy a los efectos del ‘boom’ inmobiliario y de las actividades comerciales, sin que aparentemente se pueda hacer nada.
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Uno de los casos más emblemáticos es el de Casa Marsano, en Miraflores, una espectacular mansión de estilo ecléctico que fue inaugurada en 1941 para celebrar las bodas de oro de Tomás Marsano y Clotilde Campodónico. Sin embargo, fue demolida en 2002 para construir un centro comercial, debido a que no contaba con la distinción de patrimonio histórico. Desde entonces, las grandes casonas han ido desapareciendo progresivamente para dar paso a edificios desangelados, que en algunos casos llegan a los 16 pisos de altura.

Somos recorrió las 52 cuadras de la otrora avenida Leguía y pudo detectar al menos una decena de casonas, chalets y palacetes de la época republicana que están en venta como terreno, haciendo que las empresas inmobiliarias se froten las manos. Esto ocurre, principalmente, en el tramo que comprende los distritos de Lince, San Isidro y Miraflores. Y tiene una explicación. “Solo las diez primeras cuadras de la avenida Arequipa —en Santa Beatriz, Cercado de Lima— tienen la condición de protección al estar en una zona monumental, que es una categoría de patrimonio cultural”, explica Fabricio Valencia, abogado especialista en patrimonio cultural. “Esta declaratoria la hizo el Instituto Nacional de Cultura, cuando el doctor Luis Guillermo Lumbreras estaba a cargo”.

Ante esa situación, un grupo de vecinos busca que todas las casonas de la avenida sean declaradas como patrimonio cultural, con el fin de preservar su legado arquitectónico. “Es inevitable que la modernidad, como en muchas grandes capitales, se abra paso. Lamentablemente, somos un país informal que no suele planificar. Y esto se ve reflejado en el poco interés por preservar la memoria urbana de la ciudad”, nos cuenta Mario Samamé, politólogo y gestor cultural. “Mi padre me contaba lo linda que era esta zona hace unas décadas. En cada una de estas maravillas arquitectónicas nos podemos dar cuenta de que Lima fue una ciudad realmente bella. Creo que estamos a tiempo de hacer algo para evitar que terminen por desaparecer”, añade Konrad Meier.

La pelota está en la cancha del Ministerio de Cultura. De acuerdo con el abogado Valencia, esta institución del Estado es la que establece los parámetros para definir cuando un inmueble es patrimonio cultural. “La ley, de manera general, dice que el patrimonio cultural está formado por bienes con valor histórico, arqueológico, militar y arquitectónico. Lamentablemente, los criterios y procedimientos para declarar un inmueble como patrimonio no se encuentran en ningún cuerpo normativo. Hay un vacío. Las decisiones que toman las hacen de acuerdo a lo que el funcionario de turno cree en ese momento”, sostiene el especialista.
En pie de lucha
Pero no todo es caos y destrucción en esta jungla de cemento. Aún se asientan viejas casonas sobre la avenida Arequipa que se mantienen en pie en óptimas condiciones. Es el caso de la Casa Suárez, una vivienda multifamiliar de estilo neobarroco, cuya fachada se inspiró en el Palacio de Gobierno. Fue diseñada en 1939 por el arquitecto polaco Ricardo Malachowski y, en 2007, declarada Patrimonio Cultural de la Nación. El 2016, pasó por un proceso de restauración gracias a la gestión del municipio miraflorino de entonces.

Una de las poquísimas cuadras que prácticamente mantiene sus valores arquitectónicos originales en sus dos veredas es la 45. La otra es la cuadra 34. En ambos tramos, organizaciones como el Británico, el ICPNA, la Alianza Francesa, así como otras instituciones educativas y culturales, se han encargado de poner en valor los inmuebles antiguos en los que se encuentran. “Habría que impulsar que más empresas de este tipo, con una visión y proyección social y cultural, se conviertan en aliadas de nuestro patrimonio histórico”, comenta Mario Samamé. “Se deben buscar formas de preservar estas casonas para que futuras generaciones tengan un testimonio vivo de cómo fue Lima a inicios del siglo XX”, complementa.

Mientras tanto, una parte de nuestra ciudad se seguirá desvaneciendo ante nuestros ojos. Y solo la podremos encontrar, dentro de unos años, en los archivos y los libros de historia. //
Inicios
Fue inaugurada durante el gobierno de Augusto B. Leguía, con ocasión del centenario de la independencia del Perú. Su diseño estuvo a cargo del arquitecto peruano Augusto Benavides.
Origen del nombre
Tras el derrocamiento de Leguía, la avenida fue denominada avenida de la Revolución. Sin embargo, se decidió rebautizarla con el nombre de la ciudad desde donde se encabezó el levantamiento de Sánchez Cerro: Arequipa.
Tiempos modernos
En 1955, se construyó el primer paso a desnivel urbano del Perú, el puente Eduardo Villarán Freyre, nombrado en honor al exalcalde del distrito de San Isidro, ubicado en la intersección de la avenida Arequipa con la avenida Javier Prado.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

















