De tres dedos, así marcó Cubillas ante Escocia en Argentina 78. (Foto: Andina)
De tres dedos, así marcó Cubillas ante Escocia en Argentina 78. (Foto: Andina)

“Patada de mula”. Las historias se suceden avivando la leyenda: el disparo de Lolo poseía la fuerza descomunal de una coz en movimiento. Cualquier referencia al tiro libre peruano deberá nombrarlo primero a él. En los Juegos Olímpicos del 36 y en el Sudamericano del 39, que celebró Perú, los rivales lo sufrieron. En el 40, en un clásico, desmayó de un cañonazo a Prisco Alcalde. “Ya se murió mi compadre”, expresó Lolo angustiado mientras llevaban a su amigo, inconsciente, al Hospital Italiano.

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Lolo tenía una potencia colosal. Pero no fue hasta que llegó Didí que los peruanos aprendieron a ejecutar las ‘folhas secas’. Este golpeo con curva que terminaba con la bola durmiendo mansa detrás del golero nació de una emergencia. Didí la improvisó ante una lesión que le impedía pegarle de lleno al balón. Para evadir el dolor sin perder eficacia lo impulsó con el pie de forma horizontal entrándole con los tres últimos dedos. La descarga terminaba su viaje en la guarida de enfrente. Con una de ellas Didí sometió al peruano Rafael Asca en el Maracaná en el 57. Esa sería la única diferencia de la serie. Un año después, el Scratch se consagraría en Suecia.

Didí llegó al Perú como jugador de Cristal y luego fue técnico de la selección. (Foto: Archivo Prensmart)
Didí llegó al Perú como jugador de Cristal y luego fue técnico de la selección. (Foto: Archivo Prensmart)

Ya con Didí como entrenador nacional en el 69, los jugadores peruanos empezaron a practicar remates con balón muerto. Esta semana se cumplieron 50 años del primer triunfo peruano en un Mundial y en el transitorio empate no fueron las enseñanzas del brasileño sino la suerte la que ayudó a que la pelota se introdujera en la portería búlgara. “Fue el destino. Me resbalé, pero le pegué fuerte y terminó en gol”, confesó humilde Chumpitaz.

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El legado de Didí encontró en Cubillas a su heredero más célebre. En el 75, en semifinales de la Copa América, en el Mineirao, a nueve del final, Teófilo, sin tomar carrera, dibujó una parábola perfecta. Paradójicamente una ‘folha seca’ había servido para doblegar a quienes la inventaron. Luego llegaría el saltito de Casaretto para asegurar la hazaña.

Esa sutileza, en apariencia insuperable, no sería, sin embargo, el mejor tiro libre del ‘Nene’ con la selección. Como con los Pumas, Muñante iba a disponer de la pelota quieta cuando Cubillas se la pidió en el Chateau Carrera en el Mundial 78. “Los tres dedos nunca fueron tan tres dedos. ¡Qué gol tan delicado, tan hermoso! Hasta los escoceses lo deben haber festejado”, tuiteó Jorge Barraza rememorando el prodigio.

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En la memoria del hincha peruano sigue presente el tanto que hizo Teófilo Cubillas a Escocia en 1978. (Video - Fotos: YouTube).

En la agonía los goles saben diferente. Ni la mano inesperada de David Ospina ni la pierna cómplice de Gaetano Scirea mermaron los festejos. Una vez la bola dentro, la euforia se desboca, el lunes parece viernes y el ánimo resplandece. “La pelotita parada, siempre la pelotita parada”, reflexionaba Daniel Peredo. Es, a veces, la mejor respuesta al acertijo. No importa si se disputan las Eliminatorias para Rusia 2018 o el Mundial de España 82, cuando aprieta el frío el calor de un balón quieto puede encender el fuego. Paolo y ‘Panadero’ lo saben bien.

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Hidalgo en la Copa América del 97, Solano en el Centenario (2006) y Farfán en Lima (2010) les convirtieron a los uruguayos de tiro libre. Los tres fueron en partidos oficiales al igual que los de Oblitas (1977) y Vargas (2010) a Ecuador, y el de Ñol a Colombia en la Copa América del 2004. Es posible que en amistosos el más hermoso de todos sea el de Uribe a Hungría en Budapest el 81, secundado por los de Guerrero a Paraguay en Trujillo (2017) y Rey Muñoz a Venezuela en 1989.

Trayectorias diabólicas. Balones que se cuelan por rendijas imposibles. Desvíos en la barrera con destino feliz. Hojas secas. Geometrías curvas. Goles peruanos a balón parado.

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