Por Raúl Castillo

Para llegar a unas finales de la NBA, se necesita unión, amor, respeto y sacrificio como equipo. Pascal Siakam lo entendió a los 31, tras seis años sin poder jugar el último juego de la temporada. En setiembre pasado, el ala pívot de los Indiana Pacers invitó a todos sus compañeros a su casa en Orlando, no para tomar unos tragos hasta horas de la noche, sino para que conozcan y practiquen en sus instalaciones de entrenamiento al estilo del mejor básquet del mundo.

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