Por Miguel Villegas

Hasta que Ricardo Gareca llegó al país, con su look de Guns and Roses y su fe inédita en el futbolista peruano, éramos una selección que perdía. Qué duro era. Por lo menos dos generaciones se debatían entre el borroso recuerdo de haber clasificado a España y el tortuoso rosario que era jugar una Eliminatoria con la inminente condena de que íbamos a perderla. Entre 1982 y Rusia 2018, la selección peruana disputó nueve eliminatorias, tres veces fue última en Sudamérica y enterró la autoestima nacional a profundidades de cementerio.

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